Nessuno è come te

martes, 29 de abril de 2008

EL DERECHO

NOCIONES INTRODUCTORIAS
CONCEPTO DE DERECHO
El citado vocablo proviene de la voz latina directum, que es el participio pasivo de dirigiere; este
último está constituido por el prefijo cuantitativo di y la forma verbal regere, regir. Si regere
equivale a guiar, conducir o gobernar y di indica la continuidad de este acto, derecho significa la
manera o forma habitual de guiar, conducir o gobernar.
Además se reconoce fuente etimológica del término derecho a la voz proveniente del romano JUS,
que a su vez proviene de JUBERE, que significa ORDEN.
ACEPCIONES
En su acepción usual o corriente derecho quiere decir aquello que es recto, directo, contrario a lo
que es torcido y también lo que se hace del mismo modo. Así se expresa este camino es derecho.
El concepto rectitud no sólo significa que se sigue la misma dirección, sino adecuarse a una regla o
a una norma.
En el orden jurídico derecho se emplea para designar lo que legítimamente pertenece a una
persona, en otros términos, lo que es suyo. También se llama derecho al conjunto de las disciplinas
jurídicas o ciencias del derecho o a cada una de ellas en particular, finalmente, se denomina
derecho a un tributo o pago debido legitimante a alguien.
Cuatro son las significaciones que atribuye Fernández Galiano a la Voz Derecho: Como norma o
conjunto de normas vigentes (sentido objetivo), como facultad atribuida a un sujeto de hacer, no
hacer o exigir algo (derecho subjetivo), ideal de justicia o su negación (lo justo) y como saber
humano aplicado a la realidad (derecho como ciencia).
DEFINICIÓN
Tres son los caminos que hemos seguido para llegar a una definición integral del derecho: la
sociabilidad del hombre nacida de su propia naturaleza, la exigencia de regular su conducta
mediante normas y el deber ser orientado hacia valores. La teoría tridimensional del derecho
sustentada por Miguel Reale, lo considera como integración de tres elementos, (hecho, valor y
norma), por tanto son elementos integrantes de una definición del derecho; la conducta social del
hombre como persona, la necesidad de regularla mediante un sistema de normas y los valores
hacia los cuales debe orientarse esa conducta.
EL PENSAMIENTO JURÍDICO
Frente al problema de la justificación del derecho, el espíritu humano ha adaptado tres actitudes
teóricas: búsqueda de un fundamento trascendente; se ha limitado al campo de los hechos sociales
o históricos o, se ha apoyado en una legalidad puramente lógica: La primera actitud corresponde al
Jusnaturalismo o doctrina del derecho natural, la segunda al Positivismo y al Historicismo, y la
tercera al Formalismo.
EL JUSNATURALISMO
Es una escuela de pensamiento para la que, por sobre el Derecho Positivo, es decir, el derecho
creado por los seres humanos mediante normas jurídicas que producen a través de las diversas
fuentes del derecho reconocidas, existe un derecho superior (El Derecho Natural), compuesto por
un conjunto de valores que actúan como inspiración de sus contenidos y como guía de la actuación
y decisiones de los agentes del derecho.
El efecto que el Jusnaturalismo asigna al derecho natural en referencia al derecho positivo, por lo
tanto es doble.
- De un lado el derecho positivo debe inspirar sus contenidos en los valores que contiene el
derecho natural, si este requisito no se cumple nos encontraremos no ante normas jurídicas sino
ante imposiciones arbitrarias emanadas por una autoridad que ejerce el poder de manera ilegítima.
- De otro lado, el agente aplicador del Derecho deberá tomar en cuenta en sus actos los dictados de
los valores contenidos en el derecho natural para ajustar a ellos su conducta cotidiana. En caso de
no hacerlo, esta utilizando antojadizamente al derecho.
La antigüedad del derecho natural – ha escrito Ronmmen al empezar una obra sobre este tema – se
identifica con la antigüedad de la filosofía que comienza por la admiración.
El reconocimiento de la existencia del derecho natural y la aspiración a realizarlo, no excluye la
realidad de un derecho positivo, sino más bien, deriva de éste. La mutabilidad de las normas a
través del tiempo, y sus cambios en las distintas áreas culturales, llevan a los hombres a investigar
sobre los últimos fundamentos y sobre la razón de su obligatoriedad, y a preguntarse por las
mejores leyes y por la mejor forma de estado.
Los problemas jurídicos, no fueron extraños a la inquietud de los primeros pensadores y filósofos
griegos. Pitágoras ve el universo como un todo ordenado, regido por principios de una justicia
cósmica, que preside la generación y la disolución de los seres. Heráclito atribuye al logos la
calidad de ley divina inspiradora de las leyes humanas. Todas las leyes humanas se nutren del uno
divino, dice y ese “uno divino” es el logos o el cosmos.
Aristóteles fue llamado el padre del derecho natural, por otra parte recordemos que existió lo que
se denominó El Jusnaturalismo Cristiano, la Filosofía Cristiana se inspiró en el pensamiento
Griego y en la jurisprudencia romana para crear un sistema de derecho natural con sentido
teolológico.
Su máximo exponente es sin duda Santo Tomás de Aquino, su concepción del derecho, su teoría
sobre la justicia, su interpretación del Estado, constituyen dentro del sistema que elaboró,
exponentes de una clara y profunda comprensión del sentido ético de la vida humana temporal a la
luz de las ideas cristianas. El universo se haya gobernado por la ley eterna que traduce la voluntad
y la sabiduría de Dios que rige todas las cosas del mundo.
La escuela moderna del derecho natural tiene como exponentes a Hugo Groccio, Hobbes,
Puferdorf, Cristian Thomasio, Rousseau (Contrato Social), Kant.
EL POSITIVISMO
Inicia su ruta en el siglo XIX, y la adquiere en los primeros decenios del siglo XX con Hans
Kelsen, a la cabeza, quien plantea que para estructurar una ciencia autónoma del Derecho hay que
separar todo lo que pertenece a otras ciencias sean valores, conductas etc. que resultan más propios
de la moral, la religión, la sociología o la política. Así lo propio del Derecho, la Teoría Pura del
Derecho consistirá en su esencia normativa, la norma jurídica. Válida y el sistema eficaz que
regulan efectivamente las conductas de los sujetos y la sociedad en su conjunto. Imagina el
derecho como una pirámide en cuyo vértice existe una norma que lo sostiene como conjunto. Está
norma no es un texto legislativo ni nada semejante es, más bien una hipótesis sobre su eficacia: si
el orden de la sociedad correspondiente, entonces es su orden jurídico. Y en caso contrario no lo
es: es fundamental porque, así definida, lo sustenta. El orden jurídico acatado tiene un conjunto de
normas esenciales. Las que establecen las reglas de juego de dicha sociedad. La inmensa mayoría
de los Estados contemporáneos tienen estas disposiciones en la Constitución Política. Este
constituye el primer nivel de las normas positivas dentro del derecho y, allí, se establecen cuando
menos dos cosas:
- Quién gobierna y como lo hace; y
- Cómo se elaboran las normas jurídicas de inferior categoría
A partir de este primer nivel de normas positivas, la validez de las normas jurídica subordinadas
queda sujeta a que se conformen o no con el mandato superior en fondo y en forma. En fondo por
que no se puede admitir que una norma inferior contradiga a la superior, y en forma porque si la
constitución es la de mayor jerarquía dentro del orden jurídico positivo ninguna norma inferior
puede dejar de cumplir las formalidades que ella establece para su aprobación.
El mérito del positivismo jurídico. Consiste precisamente, en haber consolidado una Teoría del
Estado y una Teoría del Derecho interrelacionada y apoyada entre sí. Sin embargo tiene como
talón de aquiles al ser humano no solo le interesa el edificio jurídico. Como estructura sino,
también que hay dentro de él. A esto Kelsen responde que es un problema distinto.
Su obra Teoría Pura del Derecho es denominada así porque comprende sólo el derecho eliminando
de ese conocimiento todo lo que sea moral, político psicológico, teleológico etc. Para considerar
su objeto como es y no como debe ser, sin incursionar en ninguna ideología ni tampoco en el
problema de la justicia que constituye una idea racional.
TEORIA TRIDIMENSIONAL
Postulada por Miguel Reale y enarbolada en el Perú fundamentalmente por Carlos Fernández
Sessarego en varios trabajos, ha resumido a (conductas, normas y valores) como componentes
esenciales del Derecho.
Los significados del derecho corresponden a tres aspectos básicos. Un aspecto normativo (el
derecho como ordenamiento y su respectiva ciencia), un aspecto fáctico (el derecho como hecho o
su efectiva vida social o histórica) y un aspecto axiológico (el derecho como valor de justicia. En
las últimas 5 décadas la teoría tridimensional del derecho ha demostrado que dondequiera que
haya un fenómeno jurídico. Hay necesariamente un hecho subyacente (hecho económico,
geográfico, demográfico de carácter técnico etc.); un valor que confiere determinada significación
a ese hecho, y una regla o norma que representa la relación o media que integra uno de aquellos
elementos en el otro: el hecho en el valor. Los tres elementos o factores (hecho, valor y norma) no
existen separados unos de otros, sino que coexisten en una unidad concreta. Según Miguel Reale,
la vida del derecho resulta de la integración dinámica y dialéctica de los tres elementos a que lo
integran.
EL DERECHO Y LA JUSTICIA
Para Stammler, la palabra justicia tiene dos significados:
1.- En un sentido indica la observancia y la aplicación fiel de un derecho positivo. El derecho ha
de salvaguardarse, ante todo, contra interferencias arbitrarias.
2.- Por justicia se entiende, en otro sentido, el objeto final del derecho. Aquí la palabra justicia
expresa la idea de que todo querer jurídico, sin excepción, se halla supeditado a un pensamiento
urutáiro fundamental. A este hay que atenerse para juzgar el derecho que surge, como producto
histórico.
Es necesario precisar que el derecho se distingue de la justicia y que ésta solo es la finalidad
primordial del derecho. Desde luego que, como lo indica Santo Tomás, el derecho injusto no es
derecho. Generalmente la palabra justicia se emplea en dos sentidos a)como virtud universal
comprensiva de todas las demás virtudes y b) como criterio ideal del derecho y valor jurídico por
excelencia.
Para Platón la justicia es la virtud fundamental de la cual se derivan todas las demás virtudes, pues
constituye el principio armónico ordenador de estas, el principio que determina el campo propio de
cada una de las demás virtudes.
Aristóteles dividió la justicia en varias clases: a) Justicia distributiva, que implica el que dad uno
reciba los honores y bienes que le corresponda, b) Justicia emparejadora, correctiva, que se basa en
la igualdad y se subdivide en: 1)Conmutativa, que requiere igualdad entre lo que se da y lo que se
recibe y que se aplica a los contratos 2) Justicia judicial que exige la paridad entre el daño y la
reparación, el delito y la pena.
De todo lo anterior se puede concluir que la justicia ha sido considerada: a) como virtud. b) como
proporcionalidad, c) como orden, d) como igualdad; e) como valor jurídico.
Además en el mundo contemporáneo surge la justicia social para regular lo que a la comunidad
social le es debido, tratando de armonizar lo individual y lo social.
Se entiende pues que el Derecho y la Justicia se hallan íntimamente relacionadas, pues que el valor
supremo y final del derecho es la Justicia. Tanto más que todo ordenamiento legal tiene como fin
alcanzar la Justicia.

FRANCIS FUKUYAMA

¿El fin del fin de la historia?
Ver cómo los establecimientos de la primera potencia económica del mundo comienzan a [1] racionar la venta de arroz es cuando menos inquietante: si el país que predica el libre mercado (aunque no lo cumpla en sus relaciones internacionales) ve cómo es necesario intervenir en el mismo, parece que los demás hemos ir tomando buena nota. La situación contrasta con la experiencia de las últimas décadas: en el último siglo ha habido grandes crisis económicas, nadie lo niega, pero no se puede dejar de lado que un grupo mayoritario de economistas viene predicando desde hace décadas la supremacía del capitalismo y la democracia liberal (con ciertos tintes sociales) como el mejor de los sistemas económicos y políticos posibles. Es la discutida tesis del fin de la historia, que se puso de moda con [2] Francis Fukuyama. Su idea central es sencilla: que nadie pierda el tiempo pensando una teoría política y económica mejor: sencillamente no existen.
La tesis del fin de la historia encuentra su origen ya en Hegel, en un fragmento de su Filosofía de la historia. El hilo conductor de esta obra está en cómo la libertad se va extendiendo a lo largo del tiempo, como si fuera una de las ideas rectoras de la historia de la humanidad (idea que, por cierto, está anticipada en Kant, aunque menos elaborada). Y al bueno de Hegel le dio por venirse arriba, argumentando que en realidad la libertad es la idea suprema que podemos pensar y realizar, de manera que jamás nadie pensará en una idea tan valiosa como esta. No es que el autor alemán pensara que la historia terminaba con él. Pero sí en cierta forma con su pensamiento: es ciero que existía miseria y guerra en su tiempo. Sin embargo, lo importante era que el resto de historia, lo que habría de venir y lo que quedaba por ver, sería un desarrollo de la idea de libertad, una expansión de la misma. El capitalismo y la democracia liberal vendrían a dar la razón a Hegel. La tesis del fin de la historia viene a ser como la del espectador que viendo un partido de fútbol se levanta porque un equipo le ha metido 5 goles al contrario en la primera parte. Y para Hegel no había duda: la libertad ganaba por goleada en el descanso del largo partido de fútbol que juega la humanidad.
Esta tesis del fin de la historia ha molestado mucho desde sus inicios a los pensadores marxistas: ¿cómo hablar del fin de la historia en el siglo XIX, cuando se vivía una explotación laboral inhumana? ¿Cómo hacerlo hoy, cuando vivimos acontecimientos como las guerras intestinas de África, Guantánamo, la violación de derechos humanos en diversos países (China o Cuba parecen ser los que están más de moda, pero hay otros muchos…)? ¿Encaja en el fin de la historia la guerra de Irak, el 11S o el 11M? La respuesta podría ser del tipo: “vale, sigue habiendo conflictos, pero la libertad funciona, y el capitalismo es el mejor ejemplo”. Pues bien: la crisis actual (financiera, alimentaria, crediticia, de precios, laboral… cuántas variables que dejan de funcionar) parece ponerlo en duda. Es como si paulatinamente tomáramos conciencia (y no en la cabeza sino en el bolsillo) de que los recursos se agotan y que el planeta y el sistema no nos siguen el ritmo. ¿Estamos ante el fin de la tesis del fin de la historia? ¿Logrará reponerse el capitalismo o avanzamos hacia formas de capitalismo más intervenido y redistributivo, que logren fortalecer el sistema, hacerlo más perdurable y resistente? ¿Están condenados los países comunistas o socialistas en sentido fuerte a abrirse a la democracia y el capitalismo? ¿Sigue valiendo la tesis del fin de la historia? Buenas preguntas para comenzar la semana…
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:[1] racionar la venta de arroz: http://www.elpais.com/articulo/economia/restricciones/compra/arroz/EE/UU/empujan/precio/record/elpepieco/20080425elpepieco_6/Tes[2] Francis Fukuyama: http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Fukuyama

jueves, 24 de abril de 2008

CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Las causas de la Segunda Guerra Mundial



Después de finalizada la Primera Guerra Mundial, fue firmado el Tratado de Versalles, llamado así porque el acto se llevó a cabo, el 28 de junio de 1919, en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles en París. El tratado contiene resoluciones muy contradictorias y constituyó una base poco sólida para el reordenamiento mundial, después de la "Gran Guerra", con miras a la construcción de un futuro pacífico.

El Tratado de Versalles, consta de 440 artículos y una gran cantidad de anexos, que en lo que se relaciona con Alemania, se pueden resumir así:

—Reconocimiento de su culpabilidad por el desencadenamiento de la guerra.

—Cesión a Bélgica del Moresnet y una parte del Moresnet prusiano, y renuncia en favor del mismo país de Eupen y Malmedy.

—Cesión a Francia de la cuenca carbonífera del Sarre, Alsacia y Lorena.

—Cesión de diversos territorios a Dinamarca, Polonia, Checoslovaquia y Lituania.

—Conversión de Dantzig en "ciudad libre" administrada por la Sociedad de Naciones.

—Renuncia de sus aspiraciones a la anexión de Austria.

—Prohibición de una aviación militar y limitación de sus fuerzas terrestres a un ejército de 100 mil hombres con 4 mil oficiales (Freikorps) sin Estado Mayor. La Marina a 15 mil hombres, 6 acorazados de menos de 10 mil tn, 6 cruceros, 12 destructores y ningún submarino. No podían tener una fuerza aérea.

—Internacionalización del territorio del Sarre.

—Ocupación de Renania durante 15 años.

—Pérdida de todas sus colonias.

—Pago de reparaciones de guerra, cuyo monto quedaba por definir.

—Restituir toda la flota mercante perdida por los aliados durante el conflicto.

—Reconstruir materialmente las zonas por ella invadidas.

—Restituir en metálico las exacciones impuestas en los países ocupados, y devolución de todos los trofeos, archivos, obras de arte y demás objetos confiscados durante los años de guerra.

En sus propios términos, quedaba establecido que Alemania pagaría, cediendo sus colonias a los vencedores y firmando un cheque en blanco reconociendo deudas por el importe de las reparaciones que se le señalarían más adelante. Fue establecido que, para la seguridad del continente, y en particular de Francia, Alemania tenía que sufrir una estricta limitación de sus Fuerzas Armadas y de los armamentos, además de la desmilitarización de Renania y la prohibición de una posible unión con Austria, país con el que le unían muchos lazos ancestrales.


Límites de Alemania.
1ra Guerra Mundial 1918



Límites de Alemania.
Tratado de Versalles de 1919

Fundadores de la Sociedad de Naciones

Los países fundadores de la Sociedad de Naciones y signatarios del Tratado de Paz, fueron: Bélgica, Bolivia, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, India, China, Cuba, Ecuador, Francia, Grecia, Guatemala, Haiti, Hedjaz*, Honduras, Gran Bretaña, Italia, Japón, Liberia, Nicaragua, Panamá, Perú, Polonia, Portugal, Rumania, Serbia-Croacia-Eslovenia, Siam Cheko-Eslovaquia y Uruguay.

*Hedjaz: Región al oeste de Arabia Saudita.


Los artífices del Tratado de Versalles. De izquierda a derecha:
Lloyd George, Georges Clemenceau y Woodrow Wilson

Disolución de cuatro imperios

Del Imperio Alemán del Imperio Austro-Húngaro y del Imperio Turco vencidos y fraccionados y del Imperio Ruso convertido en república, se crean nuevos estados fundados en el principio del derecho que tienen los pueblos a su autodeterminación. La idea, muy legítima por cierto, se instituye en la Europa central y oriental donde existe una pléyade de enraizados nacionalismos, sin tener en cuenta las posibilidades de la subsistencia material, ni de su interdependencia económica. El Tratado de Versalles, deja subsistir, en una confusión de lenguas y de historia, suficientes minorías para alimentar interminables diferencias y desacuerdos que se extienden desde Macedonia a Dantzig, pasando por Transilvania, los Sudetes, la Galitzia y el corredor polaco.

Ganancias de los vencedores

Francia obtuvo Alsacia y Lorena; Bélgica, Eupen y Malmédy. Dinamarca, Schleswig por el tratado de Versalles (1919). Italia adquirió el Trentino y Trieste por el tratado de Saint-Germain en Laye (1919). Grecia, obtuvo Tracia aunque Bulgaria conservó un acceso al mar (Dedeagatsch) mediante el tratado de Neuilly (1919). Por el tratado de Trianon (1920) Servia obtuvo Croacia, Eslovenia y parte del Banato y por su parte Rumania parte del Banato, Transilvania y Besarabia.

Imperio del Japón

El Imperio del Japón, que lucho al lado de los Aliados, miembro de la Sociedad de Naciones, dominado por la clase militarista y un país sin recursos naturales, no estaba satisfecho con las ganancias que la guerra le brindó como país vencedor y deseaba tomar fuera de sus fronteras, los recursos que necesitaba, topándose con los intereses de las potencias coloniales en Asia. Como compensación, obtuvo la colonia alemana de Kiaochow y Shadong en China, con todas las facilidades de ferrocarriles, minas y cable submarino.

Imperio Italiano

Italia, vencedora al lado de los Alaidos, gobernada por Mussolini, líder del Partido Fascista, tenía un motivo similar, pero más modesto, puesto que carecía de la capacidad militar e industrial necesaria para llevar a cabo tales pretensiones. Por tanto, era imposible que sola, Italia hubiera podido precipitar un conflicto internacional en gran escala, pese a sus deseos de recuperar sus colonias africanas que fueron repartidas entre los vencedores de 1919.

Alemania

Alemania, el más poderoso de los tres países que se rebelaban ante la hegemonía de los países colonialistas, también se sentía irritada por el monto que debía pagar en reparaciones a los Aliados, aunque en la práctica jamás pagó las enormes sumas que Francia, en particular, exigía. No parecía que le importara mucho recuperar sus colonias, pero sí estaban resentidos por la pérdida del orgullo nacional y el calamitoso estado financiero a que Alemania quedó reducida, sin mencionar los efectos que causaba la "Gran Depresión" mundial de 1929. En consecuencia, los alemanes estaban dispuestos a aceptar el liderazgo de quien pudiera sacarlos de ese marasmo. Ese hombre fue Adolfo Hitler, fundador del Partido Nacional Socialista.

El fracaso de la Sociedad de Naciones

Además, estaba el fracaso de la Sociedad de Naciones, fundada al amparo del Tratado de Versalles como instrumento para preservar la paz mundial. Es bien cierto —y ello explica la resignación del Presidente Woodrow Wilson de Estados Unidos, ante las exigencias de sus asociados francés e inglés— que el acuerdo de Versalles no era más que un punto de partida, una especie de armisticio prolongado. La institución de la Sociedad de las Naciones incorporada al tratado, en su misión de mantener la paz, tenía como objetivo promover el desarme general, permitir una ulterior revisión pacífica de los tratados y organizar la colaboración económica, prenda de tranquilidad. Así, el dictado de Versalles, la "paz cartaginesa" denunciada por Keynes en "Las consecuencias económicas de la paz", no carece de posibilidades de rectificación. El mismo tratado, en su extenso articulado, prevé el procedimiento que permitiría corregir o compensar todos sus errores.

La aplicación del tratado

Ese procedimiento —y la Sociedad de Naciones que lo asumió— se revelaron en seguida totalmente ineficaces. El primer contratiempo fue la abstención estadounidense, la desautorización infligida a Wilson por el Senado estadounidense, que eligió la posición aislacionista como por el antagonismo partidista, no le otorgó la mayoría requerida para la ratificación del tratado y la colaboración de los Estados Unidos en la Sociedad de las Naciones. El presidente Wilson, fracasó en el intento de convertir a su país en líder de ese organismo y advirtió "que la Gran Guerra se repetiría".

A partir de entonces, la Sociedad de Naciones carente de potencias que impusieran autoridad, careció también del prestigio necesario para su acción y pasó a ser un instrumento de conservación al servicio de las potencias coloniales.

El papel de Francia e Inglaterra

Por otra parte, ninguna de ests potencias vencedoras y garantes del Tratado de Versalles, Francia e Inglaterra en primer lugar, siguieron una política que respondiese a las intenciones que declararon. No se entendieron. Ni supieron conducir con método, constancia y continuidad o una diplomacia nacional deliberadamente delineada.

La política francesa

Por eso Francia, entre 1919 y 1938, osciló entre dos políticas, dependiendo de la mayoría parlamentaria. La primera, que pretendía mantener las ventajas adquiridas por Francia en 1919 exigiendo el cumplimiento de los tratados, el pago de las reparaciones y basaba la seguridad de Francia, no en la seguridad y en la reconciliación europeas, sino en una política de alianzas vigilantes, en un cinturón de seguridad alrededor de Alemania formado por Francia, Bélgica, la Petite Entente (Yugoslavia, Rumania y Checoslovaquia) y Polonia. Pero, después de 1919, Francia nunca tuvo unas Fuerzas Armadas cónsonas con su política o el papel que pretendía asumir y que era indispensable para ofrecer una seguridad efectiva a sus pequeños aliados de la Europa central. El espíritu tradicional de sus militares, las preocupaciones económicas y la política interna, limitaron el programa militar a un aspecto estrictamente defensivo que se plasmó en la Línea Maginot, un mamotreto que en vez de impedir, le facilitó la invasión a Alemania en 1940.

La segunda política, preconizada por algunos políticos franceses se esforzaban en superar la política nacional tradicional y su círculo vicioso de alianzas militares, manteniendo contacto con Inglaterra, buscando mejorar las relaciones con Alemania y tratando de establecer la seguridad de Francia en la solidez de la Sociedad de las Naciones.

Estas dos políticas, defendibles ambas en principio, eran evidentemente irreconciliables en su alternancia, en las vacilaciones a que daban lugar y en la inestabilidad de los gobiernos franceses. Las medidas de firmeza y de ejecución, sin continuidad, descorazonaron a los demócratas tradicionales alemanes, estimularon el espíritu de desquite y alejaron de Francia a sus antiguos aliados, poniendo en peligro su seguridad en vez de reforzarla. La intermitencia de la política liberal francesa, le quitó credibilidad, haciéndola aparecer como una concesión, exponente de debilidad, en vez de una auténtica voluntad de cooperación. Sin embargo, esa segunda política habría permitido una colaboración más estrecha entre Francia y Gran Bretaña, condición indispensable para la estabilidad de la región y, por lo tanto, para la seguridad francesa. Sin embargo, desde las negociaciones de 1919, los puntos de vista francés e inglés divergían profundamente y sólo la unían su deseo de venganza.

La política británica

Según la visión británica, una vez vencida y desarmada Alemania, no convenía seguir a Francia en el camino de la seguridad armada sin sentar peligrosamente las bases de una eventual hegemonía en Europa. La amenaza bolchevique surge como un factor dominante de la política mundial de aquella época que hace poco deseable el aplastamiento de Alemania, pero tampoco convenía permitir que Alemania surgiera ocupando el lugar que tanto Francia como Gran Bretaña eran incapaces de ocupar.

Las causas económicas

En el plano económico, el punto de vista británico tiende menos a exigir reparaciones completas por los daños sufridos que a garantizar la estabilidad económica de Alemania, que es ante todo un asociado de interés para la economía inglesa, al menos lo fue, mientras su capacidad industrial estuvo colapsada y dependía de las importaciones.

El petróleo surge como causal de guerra

En 1922, mientras los aliados se negaban a reconocer a Rusia un puesto en el concierto de las naciones y exigían el pago por el Gobierno soviético de una indemnización por las incautaciones de las compañías petrolíferas extranjeras en Rusia, el Gobierno alemán se adelantó y firmó el Acuerdo de Rapallo de cooperación económica con la Unión Soviética. El tratado constituyó en 1922 un acontecimiento político sólo comparable al pacto germano-soviético de 1939. Por primera vez, el asunto petrolero se puso en el tapete, aunque por muchos años, incluso después de la Segunda Guerra Mundial, quedó oculto al análisis de los historiadores o quizás ex profesamente minimizado.

Las diferencias entre las potencias

Las divergencias señaladas, se acentuaron durante los años siguientes. La intransigencia del presidente francés Alexandre Millerand, durante la conferencia de Cannes, desautorizó la política del Primer Ministro Aristide Briand y las exigencias del Raymond Poincaré (presidente de Francia 1909-1914) en el terreno de las reparaciones y de las garantías que Inglaterra hubo de dar para la seguridad de Francia. Eso hizo fracasar en 1922 la conclusión de un tratado franco-inglés de garantía que pudo haber pesado algo en los difíciles años de 1933 a 1939. La ocupación de la cuenca del Ruhr en 1923 por el ejército francés aumentó aún más las diferencias entre ambas potencias.

El auge de Japón

En 1931 Japón invadió Manchuria. La Sociedad de Naciones condenó esa acción exigiéndole la retirada de las tropas, pero Japón no sólo ignoró a la Sociedad sino que renunció a ella en 1933 y cuatro años después se lanzó a la conquista de China. Este conflicto pasó a formar parte de lo que posteriormente se conoció como la Segunda Guerra Mundial, aunque en el Mundo Occidental se considera que la conflagración internacional oficialmente comenzó el 3 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia.

La expansión alemana

Entretanto, en Alemania, Hitler estaba llevando a cabo sus planes para el resurgimiento de un nuevo Imperio Alemán. Los alemanes consideraban como imprescindible para su desarrollo tomar por la fuerza lo que ellos consideraban el "lebens raum" (espacio vital) que se encontraban en las planicies de Polonia y colinas de Checoslovaquia primero y en Rusia después.

En 1936 tanto Alemania como Japón habían renunciado a la Sociedad de Naciones y también lo había hecho Italia, después que Mussolini había invadido y conquistado Etiopía, mientras la Sociedad demostraba su impotencia para manejar los conflictos internacionales. Las tres nuevas potencias militares, podían tomar revancha ante lo que consideraban injusticias cometidas por el Tratado de Versalles, sin que la Sociedad de Naciones se atreviera a oponerse.

Constitución del Eje

En 1936, Italia y Alemania suscribieron un acuerdo político, militar y económico llamado "Pacto del Acero". Para entonces, convertida Alemania en la primera potencia europea, se había le excusado de continuar pagando por concepto de reparaciones de guerra. A esa alianza se unió luego Japón con la firma del Pacto Tripartito, alianza política, militar y económica conocida como el Eje. Los estadistas británicos y franceses, estimando quizás que los alemanes habían sido tratados con demasiada rudeza y ante el temor que su recuperación económica y militar mostraba, se esforzaban por dar cumplimiento a las exigencias de Hitler. La incapacidad política de las potencias vencedoras de 1919, habían abonado el escenario para los actos de agresión del Eje y para la tragedia final de otra guerra mundial, que no podía ser impedida ante el temor que esa alianza causaba en los líderes de las potencias coloniales.

El Primer Ministro inglés, Lloyd George, uno de los artífices del Tratado de Versalles, dijo de ese documento que provocaría otra guerra a los veinte años de su firma —y no se equivocó— y por su parte Lasing, secretario de Estado de Estados Unidos, durante el gobierno del Presidente Wilson, dijo que, "la próxima guerra surgirá del tratado, como la noche surge del día".

Ruta de Sabiduria... Gesù Era lì