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jueves, 13 de septiembre de 2007

VASCO NUÑEZ DE BALBOA

Su comienzo [editar]
Fue descendiente de los señores del castillo de Balboa, cerca de Villafranca, en León; su padre fue el hidalgo Nuño Arias de Balboa, pero se desconoce quién fue su madre. No se sabe nada de su infancia. Durante su adolescencia sirvió como paje y escudero de don Pedro de Portocarrero, señor de Moguer. En 1500, motivado por su señor con las noticias de los viajes de Cristóbal Colón hacia el Nuevo Mundo, decidió emprender su primer viaje a América con la expedición de Rodrigo de Bastidas. En 1501 atravesó las costas del Caribe desde el este de Panamá, pasando por el golfo de Urabá, hasta el cabo de la Vela, correspondientes a la actual Colombia. Con las ganancias que produjo dicha campaña, se retiró a La Española en 1502, donde compró una propiedad, y allí residió varios años ocupándose de la agricultura. Pero no tuvo suerte en ella, y comenzó a endeudarse; finalmente, se vio obligado a abandonarla.
En 1508, el Rey de España Fernando el Católico sometió a concurso la conquista de Tierra Firme. Se crearon dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre los cabos de la Vela (Colombia) y de Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). Se tomó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa.
En 1509, queriendo librarse de sus acreedores en Santo Domingo, Núñez de Balboa se embarcó como polizón (dentro de un barril y junto con su perro Leoncico) en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso que salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda, quien era su superior. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias; sin embargo, cerca del establecimiento existían muchos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, y Ojeda había quedado herido de una pierna. Poco después, Ojeda se retiró en un barco a La Española, dejando el establecimiento a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Ojeda le pidió a Pizarro que se mantuviera con unos pocos hombres por cincuenta días en el poblado, o que de contrario usara todos los medios para regresar a La Española.
Antes de llegar la expedición a San Sebastián de Urabá, Fernández de Enciso descubrió a Núñez de Balboa a bordo del barco y lo amenazó con dejarlo en la primera isla desierta que se encontrara; pero el bachiller quedó convencido de la utilidad que tenían los conocimientos de Núñez de Balboa en aquella región, que había explorado ocho años atrás, sumado a los pedidos de la tripulación de que no cometiera ese acto, por lo que no le quedó más remedio a Fernández de Enciso que perdonar su vida y mantenerlo a bordo; de hecho ambos se pusieron de acuerdo con la eliminación de Nicuesa de la gobernación de Veragua.

La fundación de Santa María la Antigua del Darién [editar]
Pasados los cincuenta días, Pizarro comenzó a movilizarse para regresar a La Española, cuando justamente llegó la embarcación de Fernández de Enciso. Núñez de Balboa había adquirido popularidad entre sus compañeros gracias a su carisma y a su conocimiento del territorio; en cambio, con Fernández de Enciso era más apreciable el disgusto entre los hombres, ya que el bachiller usando sus facultades como Alcalde Mayor ordenó regresar a San Sebastián, cuando la mayor sorpresa era que el poblado estaba totalmente destruido, sumado a que los indígenas los esperaban y comenzaron a atacar sin descanso.
Debido a lo peligroso del territorio, Núñez de Balboa sugirió que el poblado de San Sebastián fuera trasladado hacia la región del Darién, al oeste del golfo de Urabá, donde la tierra era más fértil y habitaban indígenas menos belicosos; Fernández de Enciso tomó con seriedad dicha sugerencia. Más tarde, el regimiento se trasladó a Darién, donde los esperaba el cacique Cémaco, junto con 500 combatientes y estaban prestos a la batalla. Los españoles, temerosos de la gran cantidad de combatientes, ofrecieron sus votos ante la Virgen de la Antigua, venerada en Sevilla, de que si resultaran victoriosos en la batalla darían su nombre a una población de la región. La batalla fue muy reñida para ambos bandos, pero por un golpe de suerte los españoles salieron victoriosos.
Cémaco, quien fue señor de la comarca, junto con sus combatientes abandonaron el pueblo hacia la selva interna. Entonces los españoles decidieron saquear las casas y reunieron un gran botín consistente en alhajas de oro. A cambio, Núñez de Balboa hizo promesa del voto y fundó en septiembre de 1510 el primer establecimiento permanente en tierras continentales americanas, Santa María la Antigua del Darién.

Núñez de Balboa, Alcalde de Santa María [editar]
El triunfo de los españoles sobre los indígenas y la posterior fundación de Santa María la Antigua del Darién, situada ahora en un lugar relativamente calmo, dieron a Vasco Núñez de Balboa autoridad y consideración entre sus compañeros, hartos del Alcalde Mayor Fernández de Enciso, a quien calificaban de déspota y avaro por las restricciones que tomó contra el oro, que era objeto de codicia de los colonos.
Núñez de Balboa aprovechó la situación haciéndose vocero de los colonos disgustados, y usando la ley destituyó a Fernández de Enciso del cargo de gobernante de la ciudad, con una prueba contundente: siendo sustituto Ojeda estaba controlando un área que se encontraba en Veragua, al oeste del Golfo de Urabá (límite de las dos gobernaciones). Su mandato era ilegítimo porque el gobernante era Nicuesa y no Ojeda: Fernández de Enciso debía ser depuesto y arrestado. Luego de la destitución, se estableció un Cabildo abierto y se eligió un gobierno municipal (el primero en el continente americano); y se designaron dos alcaldes: Martín Samudio y Vasco Núñez de Balboa.
Poco después llegó a Santa María una flotilla encabezada por Rodrigo Enrique de Colmenares, que tenía como objetivo encontrar a Nicuesa, quien también estaba en aprietos en algún lado del norte de Panamá. Cuando supo de los hechos persuadió a los colonos de la ciudad de que debían someterse a la autoridad de Nicuesa, ya que se hallaban en su gobernación; Enrique de Colmenares invitó a dos representantes que el Cabildo nombraría para que viajaran con su flotilla y ofrecer a Nicuesa el control de la ciudad. Los dos representantes fueron Diego de Albites y Diego del Corral.

Núñez de Balboa, Gobernador de Veragua [editar]
Enrique de Colmenares, encontró a Nicuesa bastante malherido y con pocos hombres cerca de Nombre de Dios, debido a una escaramuza que tuvo con indígenas de esa región; luego del rescate, el gobernador escuchó de las hazañas de Núñez de Balboa, del botín del cacique Cémaco y de la prosperidad que había en Santa María; Nicuesa respondió que habría castigos y despojos cuando asumiera el cargo en la ciudad, ya que consideró el acto de Núñez de Balboa como una intromisión de su autoridad en Veragua.
Los representantes de Santa María fueron persuadidos por Lope de Olano, que estaba encarcelado junto con varios presos descontentos, de que iban a cometer un error grave si entregaban el control a Nicuesa, que era calificado de avaro y cruel, y que era capaz de destruir la prosperidad de la ciudad. Con estas pruebas, de Albites y del Corral huyeron al Darién antes que Nicuesa llegara e informaron tanto a Núñez de Balboa como al resto de las autoridades municipales de las intenciones del gobernador.
Cuando Nicuesa llegó al puerto de la ciudad, apareció una muchedumbre y se desencadenó un tumulto, que impidió al gobernador desembarcar en la ciudad. Nicuesa insistió en ser recibido no ya en calidad de gobernador, sino como de un simple soldado, pero aún así los colonos se negaron a que desembarcara en la ciudad. En cambio, fue obligado a montarse sobre un barco en malas condiciones y pocas provisiones y fue dejado a la mar el 1 de marzo de 1511 y junto al ex-gobernador se le unieron 17 personas; el barco desapareció sin dejar rastro de Nicuesa y sus acompañantes, y así Núñez de Balboa obtuvo el cargo de gobernador de Veragua.

El conquistador [editar]

Estatua de Núñez de Balboa en Madrid (E. Pérez, 1954).
Núñez de Balboa obtuvo el cargo de gobernador después de la expulsión y posterior desaparición de Diego de Nicuesa, y con ello el mando absoluto de Santa María y Veragua. Una de sus primeras acciones era juzgar al bachiller Fernández de Enciso por el delito de usurpación de autoridad; fue condenado a la cárcel y sus bienes fueron confiscados, aunque posteriormente fue dejado en libertad a cambio de que volviera a La Española y después a España. En el mismo barco, iban acompañándolo dos representantes de Núñez de Balboa, que explicarían todos los sucesos de la colonia y tenían órdenes de petición de más hombres y suministros para proseguir con la conquista de Veragua.
Mientras, Núñez de Balboa comenzó a mostrar su faceta de conquistador embarcándose al oeste y recorriendo el istmo de Panamá, sometiendo a varias tribus indígenas y fortaleció su amistad con otras, intentando remontar ríos, montañas y pantanos malsanos en busca de oro, esclavos y ampliar sus dominios. También pudo aplacar revueltas de varios españoles que desafiaban su autoridad; su poder de fuerza, diplomacia y poder de concilio logró cierto respeto y temor entre los indígenas; irónicamente en una carta enviada al rey de España expresó que: He ido adelante por guía y aun abriendo los caminos por mi mano.
Logró la siembra del maíz y recibió provisiones de La Española y de España, e hizo que sus soldados se habituaran a la vida de exploradores de tierras coloniales. Núñez de Balboa logró recoger mucho oro, sobre todo de los adornos de las mujeres indígenas y el resto obtenido por formas violentas. En 1513, escribió una extensa carta al rey de España en la que le solicitaba más hombres aclimatados en La Española, armas, provisiones, carpinteros para construir buques y los materiales necesarios para levantar un astillero. En 1515, en otra carta hablaba de su política humanitaria para con los indígenas y aconsejaba al mismo tiempo, que las tribus caníbales o temidas fueran castigadas con severidad extrema.
Durante finales de 1512 e inicios de 1513, llegó a una comarca donde dominaba el cacique Careta, lo dominó fácilmente y luego se hizo su amigo, recibiendo el bautismo y pactó alianza con Núñez de Balboa, asegurando la subsistencia de la colonia, ya que el cacique prometió ayudar a los españoles con alimentos. Núñez de Balboa prosiguió su conquista llegando a las tierras del vecino y rival de Careta, el cacique Ponca, y éste huyo de su comarca hacia las montañas, dejando sólo a los españoles y los indígenas aliados de Careta que saquearon y destruyeron las casas de la comarca. Poco después, fue hacia los dominios del cacique Comagre, territorio fértil pero muy salvaje, aunque cuando llegaron fueron recibidos pacíficamente a tal punto que fueron invitados a un agasajo; de igual manera Comagre fue bautizado.
Es en esta comarca donde Núñez de Balboa escucha por primera vez de la existencia de otro mar, todo esto por una disputa que hicieron los españoles con el poco oro que recibirían cada uno. Panquiaco, hijo mayor de Comagre, enojado por la avaricia de los españoles, tumbó la balanza que medía el oro y replicó: Si tan ansiosos estáis de oro que abandonáis vuestra tierra para venir a inquietar la ajena, yo os mostraré una provincia donde podéis a manos llenas satisfacer ese deseo. Panquiaco relató de un reino al sur donde la gente era tan rica que utilizaban vajillas y utensilios en oro para comer y beber, y que necesitaban al menos mil hombres para vencer las tribus que habitaban tierra adentro y los que estaban en las costas del otro mar.

Ruta del viaje de Núñez de Balboa al Mar del Sur en 1513.

El descubrimiento del Mar del Sur [editar]
La noticia inesperada de un nuevo mar rico en oro fue tomada muy en cuenta por Núñez de Balboa. Decidió regresar a Santa María a comienzos de 1513 para disponer de más hombres provenientes de La Española, y fue ahí cuando se enteró que Fernández de Enciso había persuadido a las autoridades coloniales de lo ocurrido en Santa María; así, Núñez de Balboa envió a Enrique de Colmenares directamente a España para buscar ayuda, en vista que no hubo respuesta de parte de las autoridades de La Española.
Mientras en Santa María, se organizaban expediciones en busca del famoso mar. Algunos recorrieron el río Atrato hasta diez leguas hacia el interior, sin ningún éxito. La respuesta de más hombres y suministros en España fue negada, porque el caso de Fernández de Enciso ya era conocido por la Corte española. Así, a Núñez de Balboa no le quedaba más remedio que emplear los pocos recursos que tenía en la ciudad para realizar el descubrimiento.
Usando varios informes dados por caciques indígenas amigos, Núñez de Balboa emprendió el viaje desde Santa María a través del istmo de Panamá el 1 de septiembre de 1513, junto con 190 españoles, algunos guías indígenas y una jauría de perros. Usando un pequeño bergantín y diez canoas indígenas recorrieron por mar y llegaron a las tierras del cacique Careta y el día 6 se internaron junto con un contingente de mil indígenas de Careta hacia las tierras de Ponca, que se había reorganizado; pero fue vencido, sometido e hizo alianza con Núñez de Balboa. Luego de varios días y uniéndose varios hombres de Ponca se remontaron a la espesa selva el día 20 y pasando con algunas dificultades llegaron el día 24 a las tierras del cacique Torecha, que dominaba el poblado de Cuarecuá. En este poblado se desencadenó una férrea y persistente batalla; Torecha fue vencido y muerto en combate. Así, los hombres de Torecha decidieron aliarse con Núñez de Balboa, aunque gran parte de la expedición estaba exhausta y malherida por el combate y muchos de éstos decidieron hacer descanso en Cuarecuá.
Los pocos que siguieron a Núñez de Balboa se internaron a las cordilleras del río Chucunaque el día 25. Según informes de los indígenas, en la cima de esta cordillera se podía ver el mar, así que Núñez de Balboa se adelantó al resto de los expedicionarios, y antes del mediodía logró llegar a la cima y contemplar, lejos en el horizonte, las aguas del mar desconocido. La emoción fue tal que los demás se apresuraron a demostrar su alegría y felicidad por el descubrimiento logrado por Núñez de Balboa. El capellán de la expedición, el clérigo Andrés de Vera, logró entonar el Te Deum Laudamus, mientras que el resto de los hombres erigieron pirámides de piedras e intentaron con las espadas, grabar cruces e iniciales sobre la corteza de los árboles del lugar, dando fe que en ese sitio se había realizado el descubrimiento. Todo eso ocurrió el 25 de septiembre de 1513.

Vasco Núñez de Balboa tomando posesión del Mar del Sur.

La posesión y conquista del Mar del Sur [editar]
Pasado el momento épico del descubrimiento, la expedición bajó de las cordilleras rumbo al mar llegando a las tierras del cacique Chiapes, hubo un breve combate pero fue vencido e invitado a participar de la expedición. De la comarca de Chiapes salieron tres grupos en busca de caminos que llegaran al mar; el grupo que lideraba Alonso Martín llegó a sus orillas dos días después, embarcándose en una canoa y dando fe que había navegado por primera vez dicho mar. De regreso avisó a Núñez de Balboa y éste marchó con 26 hombres que llegaron a la playa; Núñez de Balboa levantó sus manos, en una estaba su espada y en otra un estandarte el cual estaba pintada la Virgen María, entró al mar hasta las rodillas y tomó posesión del mar en nombre de los soberanos de Castilla.
Después de haber recorrido más de 110 kilómetros, bautizó al golfo donde estaban como San Miguel, porque fue descubierto el día de San Miguel Arcángel, 29 de septiembre y al nuevo mar como Mar del Sur, nombre dado entonces al Océano Pacífico, por el recorrido que tomó la exploración al llegar a dicho mar. Este hecho es considerado por la historia como el capítulo más importante de la conquista, después del descubrimiento de América.
Posteriormente, Balboa se quiso proponer la búsqueda de las comarcas ricas en oro. Así decidió recorrer las tierras de los caciques Coquera y Tumaco, Núñez de Balboa los venció fácilmente y tomando sus riquezas en oro y perlas, se enteró después que las perlas se producían en abundancia en unas islas donde regía Terarequí, un poderoso cacique que dominaba esa región. Así Núñez de Balboa decidió embarcarse en canoa hacia esas islas, a pesar que era el mes de octubre de 1513 y las condiciones climáticas no eran las mejores. Apenas logró divisar las islas, y llamó Isla Rica (hoy Isla del Rey) a la mayor de éstas; y a toda la región la llamó Archipiélago de las Perlas, cabe anotar este nombre aún lo posee en la actualidad.
En noviembre, Núñez de Balboa decide regresar a Santa María la Antigua del Darién pero usando una ruta diferente, para seguir conquistando territorios y obtener mayores riquezas con su botín. Atravesó las comarcas de Teoca, Pacra, Bugue Bugue, Bononaima y Chiorizo, venciéndolos algunos con fuerza y otros con diplomacia. Cuando llegó a los territorios del cacique Tubanamá, Núñez de Balboa tuvo que enfrentarlo con mucha violencia y lo logra vencer; en diciembre llega a las tierras del cacique Pocorosa en el golfo de San Blas, ya en el Caribe y luego se dirige a las tierras de Comagre, donde ya el cacique había muerto por la edad y su hijo Panquiaco era el nuevo cacique.
De ahí decidió atravesar las tierras de Ponca y Careta, para finalmente llegar a Santa María el 19 de enero de 1514, con un gran botín de artículos de algodón, más de 100 mil castellanos de oro, sin contar con la cantidad de perlas; pero esto no se comparaba con el descubrimiento de un nuevo mar para los españoles. Núñez de Balboa asigna a Pedro de Arbolancha para que viaje a España con la noticia del descubrimiento y envió una quinta parte de las riquezas obtenidas al rey, tal como lo establecían las leyes.

Disputas con Pedrarias [editar]
Las acusaciones del bachiller Fernández de Enciso, a quien Núñez de Balboa había despojado del poder, y la destitución y posterior desaparición de Ojeda hicieron que el rey nombrara gobernador de la nueva provincia de Castilla de Oro a Pedro Arias de Ávila, mejor conocido como Pedrarias Dávila, quién después se destacó por su actitud sanguinaria y que sustituiría la gobernación de Veragua. Cuando de Arbolancha llegó, hizo que se calmaran un poco los ánimos y las peticiones de hombres que Balboa había hecho al monarca español las cumplió éste a través del nuevo gobernador, quien partió con una expedición de 1.500 hombres y 17 naves, siendo la más numerosa y completa que había salido de España con destino a América.
En esta gran expedición lo acompañaron el licenciado Gaspar de Espinosa con el cargo de Alcalde Mayor, el mismo bachiller Fernández de Enciso ahora como Alguacil Mayor, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo que iba en calidad de oficial real; varios capitanes, entre ellos Juan de Ayora como lugarteniente de Pedrarias; varios clérigos entre los que resaltaba el fraile franciscano Juan de Quevedo asignado como obispo de Santa María; y finalmente venían mujeres entre las cuales estaba Isabel de Bobadilla, esposa de Pedrarias. Más de quinientos hombres murieron de hambre o víctimas del clima poco después de desembarcar en Darién. Fernández de Oviedo expresó que caballeros cubiertos de sedas y brocados, que se habían distinguido valerosamente en las guerras de Italia, morían de inanición consumidos por la naturaleza de la selva tropical.
Balboa recibió a Pedrarias junto con sus emisarios, en el mes de julio de 1514 y aceptó bastante resignado la sustitución del cargo de gobernador y Alcalde Mayor, esto causó algo de rabia entre los colonos y algunos ya pensaban en usar las armas para enfrentarlos, sin embargo Núñez de Balboa mostró su respeto con los nuevos emisarios coloniales.
Cuando Pedrarias tomó el cargo, Gaspar de Espinosa apresó a Núñez de Balboa y se le enjuició "en ausencia", dando como resultado el pago de una indemnización a Fernández de Enciso y a otros acusadores de parte de Núñez de Balboa y fue declarado inocente de la muerte de Nicuesa, por lo que fue liberado posteriormente.
Debido a la situación de sobrepoblación en Santa María, Pedrarias llamó a varios expedicionarios para buscar nuevos sitios para establecerse; Núñez de Balboa le pidió a Pedrarias para que pudiera realizar una expedición al Dabaibe, en la cuenca del Atrato; donde se rumoreaba que existía un templo con grandes riquezas; sin embargo, esta expedición fue un fracaso y Núñez de Balboa quedó herido por los constantes ataques de los indígenas de la región.
A pesar de esto, no detuvo las ambiciones de Núñez de Balboa de seguir recorriendo nuevamente el Mar del Sur, así que logró conseguir secretamente un contingente de hombres provenientes de Cuba y la embarcación que los traía se estableció en las afueras de Santa María, el encargado de la embarcación avisó a Balboa y dio a éste la cantidad de 70 castellanos. Pedrarias no tardó en darse cuenta de la presencia de la embarcación y furioso apresó a Núñez de Balboa, le quitó a los hombres que necesitaba y estaba dispuesto a encerrar al conquistador en una jaula de madera; sin embargo, el arzobispo de Quevedo apeló para que no cometiera tal castigo.
Por suerte, en esos días, la Corona española había reconocido el gran servicio de Núñez de Balboa, y el rey lo investía con el cargo de Adelantado del Mar del Sur y Gobernador de Panamá y Coiba; sumado a eso el rey recomendó a Pedrarias que guardara todas las consideraciones y que lo consultara de cualquier asunto relacionado a la conquista y el gobierno de Castilla de Oro. Esto motivó que Pedrarias absolviera a Núñez de Balboa por el asunto de la llegada clandestina de hombres para su campaña.

Ocaso y muerte [editar]
A partir de ese momento la rivalidad entre Núñez de Balboa y Pedrarias cesó de repente, ayudado en parte también por la acción tomada por el arzobispo de Quevedo junto con Isabel de Bobadilla para dar en matrimonio a una de las hijas de Pedrarias, María de Peñalosa, que se encontraba en España; así se dispuso el matrimonio y el arzobispo partió rumbo a España. Las relaciones amistosas con Pedrarias duraron apenas dos años y Núñez de Balboa comenzó a tratarlo con afecto paternal.
Núñez de Balboa quiso continuar la exploración del Mar del Sur, pero su suegro retardó en todo lo posible su partida. Como la oposición a este proyecto ya no era sostenible dentro de la aparente cordialidad que reinaba entre ambos, Pedrarias consintió que Núñez de Balboa llevara a cabo dicha expedición, dando licencia al conquistador para que explorara por un año y medio.
Así entre 1517 y 1518, Núñez de Balboa se trasladó a Acla con 300 hombres y logró preparar los materiales para hacer los barcos, haciendo uso de indígenas y esclavos africanos. Logró trasladarse hasta el río Balsas donde construyó cuatro navíos. Navegó 74 kilómetros por el Pacífico, recorriendo el archipiélago de las Perlas y luego las costas de Darién hasta Puerto Piñas, lugar donde existían muchas de estas frutas. Durante estas exploraciones escuchó acerca de un gran imperio que quedaban en las tierras al sur y de las grandes riquezas que ésta tenía, para poder viajar hasta esas tierras de riquezas ilimitadas regresó a Acla para continuar la construcción de embarcaciones más sólidas que lo pudieran.
No obstante, al regreso Pedrarias le escribió cartas en términos cariñosos para que se presentara ante él con mucha urgencia, y Balboa accedió rápidamente. En mitad de camino se encontró con un grupo de hombres al mando de Francisco Pizarro, quien lo detuvo por orden del gobernador y fue acusado de traidor por intento de usurpación del poder contra Pedrarias y de tratar de crear un gobierno aparte en el Mar del Sur. Núñez de Balboa indignado, negó esta acusación y solicitó que se le enviara a La Española o a España para su juicio; pero Pedrarias, en conjunto con el alcalde de Espinosa, ordenaron que se ejecutara el juicio lo más pronto posible y que se abrió a mediados enero de 1519. Núñez de Balboa fue sentenciado por de Espinosa con la pena de muerte el 15 de enero e iba a ser decapitado junto con cuatro de sus amigos, Fernando de Argüello, Luis Botello, Hernán Muñoz y Andrés Valderrábano acusados de cómplices, en el poblado de Acla, como demostración que la conspiración tenía raíces en la colonia.
Núñez de Balboa fue conducido al patíbulo con sus amigos y la voz del pregonero que iba a cometer la ejecución dijo: Ésta es la justicia que el Rey y su teniente Pedro Arias de Ávila mandan hacer contra este hombre por traidor y usurpador de los territorios de la Corona. Núñez de Balboa no pudo contener su indignación y respondió: Mentira, mentira; nunca halló cabida en mí semejante crimen; he servido al Rey como leal, sin pensar sino en acrecentar sus dominios. Pedrarias observó la ejecución, oculto detrás de un tablado: un verdugo con un hacha consumó el castigo. Las cabezas de los decapitados permanecieron varios días expuestas en el pueblo, ante la curiosidad y temor de los habitantes. Se desconoce el destino de los restos de Núñez de Balboa, debido en parte a que los textos y crónicas no mencionan lo que ocurrió después de su ejecución.
Y fue así como Francisco Pizarro, al entregar a Nuñez de Balboa a su muerte, consiguió el apoyo de Pedrarias para iniciar la organización de la expedición que lo llevaría a la conquista del Perú y Gaspar de Espinosa, fue quien recorrió parte del Mar del Sur en los barcos que el mismo Núñez de Balboa mandó a construir. Luego en 1520, Fernando de Magallanes rebautizaría el mar como Océano Pacífico, por sus calmas aguas.

Monumento a Vasco Núñez de Balboa en Ciudad de Panamá.

Su legado [editar]
A pesar que Núñez de Balboa murió de forma injusta, sus acciones y hazañas aún son recordadas por la historia, en especial por los relatos que realizaron los cronistas de la época. Actualmente, el nombre de Vasco Núñez de Balboa se le da a parques y avenidas de Panamá, e incluyen un monumento dedicado a su hazaña de la posesión del Mar del Sur; en su honor se ha bautizado la moneda oficial del país con la denominación Balboa, apareciendo su rostro en el anverso de algunas monedas. Su nombre designa asimismo a uno de los principales puertos en el Canal de Panamá y al distrito que abarca el Archipiélago de las Perlas, lugar que llegó a descubrir.
La máxima Orden otorgada por el gobierno panameño a personajes destacados y sobresalientes en el orden nacional e internacional fue establecida mediante la Ley 27 del 28 de enero de 1933, y dio en llamarse la Orden Vasco Núñez de Balboa con diversas denominaciones de grado.

PEDRO ARIAS DAVILA

Pedro Arias Dávila, conocido también como Pedrarias (1440 - 1531), conquistador español de Panamá y Nicaragua.
Nació en Segovia (España) en el año 1440. Se distinguió en diversas guerras del siglo XV, y fue apodado «El Galán» y «El Justador». En 1513 fue nombrado Gobernador de Castilla del Oro (territorio que comprendía gran parte de la actual Panamá y la costa pacífica de Costa Rica), cargo que asumió en 1514, a pesar de su avanzada edad.
Fue el fundador de la ciudad de Panamá en su primitivo asiento (actualmente llamada Panamá la Vieja). Se caracterizó por su temperamento sanguinario y ambicioso y la crueldad con que trató tanto a los indígenas como a los españoles que estaban bajo su mando, lo cual le mereció el apodo de Furor Domini, la Ira de Dios.
Entre otras cosas, hizo degollar a Vasco Núñez de Balboa, prometido de su hija María de Peñalosa, y a Francisco Hernández de Córdoba, fundador de las ciudades de León y Granada de Nicaragua y de la villa de Bruselas en las cercanías del golfo de Nicoya, en territorio de la actual Costa Rica. Ante las graves acusaciones formuladas en su contra, fue separado de la Gobernación de Castilla del Oro, pero posteriormente fue nombrado Gobernador de Nicaragua, cargo que ejerció desde 1528 hasta su muerte en León en 1531.

HERNANDO DE LUQUE

Hernando de Luque (fallecido en 1532), eclesiástico español, que tomó parte junto con Francisco Pizarro y Diego de Almagro en la conquista del Perú.
Nació en la segunda mitad del siglo XV en Olvera (provincia de Cádiz). Pasó al Darién en 1514, acompañando al obispo Juan de Quevedo, en la armada del gobernador Pedro Arias Dávila, y destacó dentro de la nueva sociedad colonial panameña. Fue nombrado maestrescuela de la catedral y provisor de la diócesis de Santa María la Antigua del Darién. Tras fundarse la ciudad de Panamá, llegó a ser su vicario y párroco.
Por encargo del gobernador, participó activamente en los primeros repartimientos de indios realizados en Panamá. En el de 1522, Luque recibió 70 indios en el cacicazgo de Perequete. Dos años después, formó una sociedad con Francisco Pizarro y Diego de Almagro con el fin de organizar una expedición que prosiguiese lo explorado por Pascual de Andagoya, en busca del Perú.
Según el plan trazado, la parte administrativa de la expedición corrió a cargo de Luque, Pizarro organizó una avanzadilla y Almagro preparó un barco con víveres y repuestos para acudir en socorro de la vanguardia. En la capitulación de Toledo, del 26 de julio de 1529, que firmó Pizarro con el emperador Carlos V (el rey español Carlos I), Hernando de Luque solicitó el obispado de Túmbez y se le nombró protector general de los indios. Durante doce años, desempeñó la sede vacante de Panamá, en donde falleció en 153

DIEGO DE ALMAGRO

Diego de Almagro
(Almagro, España, 1475-Cuzco, actual Perú, 1538) Conquistador español. Los orígenes de Diego de Almagro son inciertos. Parece que fue hijo ilegítimo de Juan de Montenegro y Elvira Gutiérréz, razón por la que adoptó el nombre de su ciudad natal como apellido. En 1514 se enroló en la expedición a Panamá de Pedro Arias Dávila. En 1530 aparece asociado a Pizarro, cuando éste se dirigió a Perú y conquistó, de manera sorprendente, el Imperio Inca. Almagro permaneció en Panamá para reclutar hombres y conseguir avituallamiento.
Los éxitos de Pizarro lo movieron a solicitar el permiso real para emprender, por cuenta propia, la conquista de nuevos territorios, lo que le fue denegado; no obstante, cuando llegó a Perú, en 1533, lo hizo con un título de igual importancia que el de Pizarro, lo cual causó fricciones entre ambos. Tras repartirse el tesoro de Atahualpa y ejecutarlo, partieron hacia Cuzco y tomaron la ciudad. La intromisión de Pedro de Alvarado se resolvió con el pago de una indemnización a éste y su retirada, con lo que se evitó un conflicto.
Almagro se dedicó a partir de entonces a la exploración de los territorios del sur del Imperio Inca, en el actual Chile, hasta el valle de Aconcagua. En 1535, el emperador Carlos I lo recompensó con la gobernación de Nueva Toledo, al sur de Perú, y el título de adelantado en las tierras más allá del lago Titicaca.
A su regreso a Perú, en 1537, Almagro ocupó la ciudad de Cuzco, por considerar que pertenecía a su gobernación. Este hecho suscitó un sangriento enfrentamiento entre almagristas y pizarristas que concluyó con la victoria de los hermanos Pizarro en la batalla de las Salinas, en abril de 1538. Hecho prisionero, Almagro fue ejecutado el mes de julio de ese mismo año.

LOS TRES SOCIOS DE LA CONQUISTA

Francisco Pizarro

Nacido en Trujillo, Extremadura, España, probablemente en 1471; muerto en Lima, Perú, el 26 de Junio de 1541. Era el hijo ilegítimo de Gonzalo Pizarro y Francisca González, quienes pusieron poca atención a su educación y él creció sin aprender a leer o escribir. Su padre era un capitán de infantería y había peleado en las guerras Napolitanas con el Gran Capitán Gonzalo de Córdoba. Entusiasmado por los relatos de las hazañas de sus compatriotas en América, Pizarro zarpó de España con Alonso de Ojeda, en la expedición de éste a Urabá, donde Ojeda fundó la ciudad de San Sebastián, y la dejó al cuidado de Pizarro cuando él regresó al barco por provisiones. Habiendo las penalidades y el clima enflaquecido las tropas de sus compañeros, Pizarro se embarcó hacia el puerto de Cartagena. Allí se unió a la flota de Martín Fernández de Enciso, y más tarde se adhirió a la expedición de Núñez de Balboa, a quien acompañó en su viaje a través del Istmo de Panamá para descubrir el Océano Pacífico (29 de Septiembre, 1513). Cuando Balboa fue decapitado por su sucesor, Pedrarias Dávila, Pizarro siguió los éxitos de éste hasta 1515 cuando Dávila lo envió a negociar con los nativos a lo largo de la costa Pacífica. Cuando la capital fue transferida a Panamá ayudó a Pedrarias a subyugar las tribus guerreras de Veraguas, y en 1520 acompañó a Espinosa en su expedición dentro del territorio del Cacique Urraca, situado en la actual República de Costa Rica.
En 1522 los relatos de las proezas de Hernán Cortés, y el regreso de Pascual de Andagoya de su expedición a la parte sur de Panamá, inflamaron su entusiasmo. Con la aprobación de Pedrarias formó junto con Diego de Almagro, un aventurero que estaba en ese tiempo en Panamá, y Hernando de Luque, un clérigo Español, una compañía para conquistar las tierras situadas al sur de Panamá. Su proyecto parecía tan absolutamente inalcanzable que la gente de Panamá los llamó la “compañía de lunáticos”. Habiendo reunido los fondos necesarios, Pizarro se colocó a la cabeza de la expedición; a Almagro le fue confiado el equipamiento y aprovisionamiento de los barcos; y Luque se mantendría a la zaga para cuidar sus mutuos intereses y conservar el favor de Pedrarias de tal manera que continuara respaldando la empresa. En Noviembre de 1524, Pizarro zarpó desde Panamá con una partida de ciento catorce voluntarios y cuatro caballos, y Almagro lo seguiría en un barco más pequeño tan pronto como pudiera estar listo. El resultado de la primera expedición fue desalentador. Pizarro no fue más allá de Punta Quemada, en la costa de lo que ahora es Colombia, y habiendo perdido muchos de sus hombres fue a Chicama, a una corta distancia de Panamá. Desde aquí envió a su tesorero, con la pequeña cantidad de oro que había obtenido, al gobernador para dar cuenta de la expedición. Mientras tanto, Almagro lo había seguido, llegando hasta el Río de San Juan (Cauca, Colombia), y, no encontrándolo, regresó para reunirse con él en Chicama.
Una segunda petición para obtener el permiso de Pedrarias para reclutar voluntarios para la expedición, fue conseguida con hostilidad, porque el mismo gobernador estaba planeando una expedición a Nicaragua. Luque, sin embargo, intervino para cambiar su actitud, y el nuevo gobernador, D. Pedro de los Ríos, estuvo desde el comienzo dispuesto favorablemente hacia la expedición. El 10 de Marzo de 1528, los tres socios firmaron un contrato, por el cual convenían dividir por partes iguales el territorio que fuera conquistado y todo el oro, plata, y piedras preciosas que encontraran. Compraron dos barcos, y Pizarro y Almagro dirigieron su curso a la desembocadura del Río San Juan, donde se separaron. Pizarro permaneció con una parte de la tropa para explorar el continente; Almagro regresó a Panamá para conseguir re-enlistamientos; y el otro barco bajo el mando de Ruiz zarpó para el sur. Él fue hasta Punta de Pasados, medio grado al sur del Ecuador, y después de hacer observaciones y reunir abundante información, regresó a donde Pizarro, quien entretanto, junto con sus compañeros, había sufrido severamente. Poco después Almagro llegó de Panamá, trayendo tropas y abundantes provisiones. Una vez refortalecidos se pusieron juntos en marcha tomando una ruta hacia el sur hasta que llegaron a Atacames, en el extremo sur de Colombia . Entonces decidieron que Almagro regresaría a Panamá, y Pizarro permanecería en la Isla del Gallo para esperar más refuerzos. La llegada de Almagro y las noticias de los sufrimientos de los exploradores alarmaron a Pedro de los Ríos, quien envió dos barcos a la Isla del Gallo con órdenes de traer de regreso a todos los miembros de la expedición. Pizarro y trece de sus acompañantes rehusaron regresar, y un pequeño grupo fue abandonado en la isla. Temerosos de ser molestados por los habitantes debido a su reducido número, construyeron una balsa y buscaron refugio en la Isla de Gorgona en las costas de Colombia. Mientras tanto Almagro y Luque procuraron calmar al gobernador quien finalmente consintió en que fuera enviado un barco, pero solamente con una fuerza suficiente para tripularlo, y con órdenes categóricas a Pizarro de presentarse personalmente en Panamá dentro del término de seis meses. Cuando el barco llegó sin refuerzos Pizarro decidió, con la ayuda de unos pocos hombres que todavía tenía consigo, emprender una expedición hacia el sur. Bordeando la costa de la actual República del Ecuador, dirigió su curso hacia la ciudad de Tumbes en el norte de lo que ahora es Perú. Viendo que los nativos eran amistosos con él, continuaron su viaje hasta Paita, doblaron el punto de Aguja, y navegaron a lo largo de la costa hasta el punto donde más tarde fue fundada la ciudad de Trujillo. En todas partes era bien recibido, pues los españoles, en obediencia a sus estrictas órdenes, se habían abstenido de cualquier exceso que pudiese haber acarreado la enemistad de los indios y arriesgado el resultado final de la expedición. Finalmente, después de una ausencia de dieciocho meses Pizarro regresó a Panamá. A pesar del oro que traía y las brillantes cuentas que dio, el gobernador retiró su apoyo y permiso para continuar las exploraciones. Los tres socios decidieron entonces que Pizarro fuera a España y expusiera sus planes ante Carlos V.Desembarcó en Sevilla en 1528 y fue bien recibido por el emperador, entonces en Toledo, quien fue persuadido por el relato de la expedición propuesta, y, el 26 de Junio de 1529, firmó el acuerdo memorable (capitulación), en el cual se expresaron los privilegios y poderes de Pizarro y sus asociados. Sobre el primero, Carlos confirió la orden de Caballero de San Jaime, los títulos de Adelantado, Gobernador y Capitán General, con autoridad absoluta en todos los territorios que pudiera descubrir y subyugar. Un gobierno independiente del de Panamá le fue otorgado a perpetuidad, prolongando doscientas leguas al sur del Río Santiago, el límite entre Colombia y Ecuador. El tenía el privilegio de escoger los oficiales que iban a servir bajo sus órdenes, de administrar justicia como policía principal (alguacil), y sus órdenes eran revocables únicamente por el Consejo Real. Pizarro convino tomar 250 soldados y suministrar los barcos y munición indispensables para tal expedición. Zarpó de Sevilla el 18 de Enero de 1530, llevando con él a sus hermanos, Hernando, quien era el único hijo legítimo, Juan, y Gonzalo, todos los cuales iban a jugar un papel importante en la historia del Perú. Llegado a Panamá tuvo la tarea de calmar a sus dos asociados quienes estaban insatisfechos con la poca atención que él había obtenido para ellos de parte de la Corte. A comienzos de Enero de 1531, Pizarro zarpó del puerto de Panamá con tres barcos, 180 hombres, y 27 hombres a caballo. Almagro y Luque permanecieron a la zaga para buscar más ayuda y enviar refuerzos. El desembarcó en la Bahía de San Mateo cerca a la desembocadura del Río Santiago, y comenzó a explorar el litoral a pié. Los tres barcos fueron enviados de regreso a Panamá por refuerzos.
Los exploradores pasaron por Puerto Viejo y llegaron hasta la ciudad de Tumbes, donde se embarcaron en algunas balsas Indias y siguieron de largo a la Isla de Puna en el Golfo de Guayaquil. Aquí estaban abrumados por los ataques de los isleños, cuando llegó ayuda en la forma de dos barcos con un centenar de hombres y algunos caballos comandados por Hernando de Soto. Así reforzado y sabiendo que los hermanos Atahualpa y Huascar estaban en guerra entre ellos, Pizarro decidió penetrar en el interior del imperio y abandonó Tumbes a comienzos de Mayo de 1532. En Noviembre 15, después de un largo, doloroso viaje y sin oposición de parte de los Indios, entró a la ciudad de Caxamalca (hoy Cajamarca).
Traicioneramente invitado al campo de los españoles, el príncipe Indio Atahualpa se presentó acompañado por su cuerpo de guardia pero desarmado. A una señal dada los españoles se abalanzaron sobre los desprevenidos indios, los masacraron de la forma más horrible, y tomaron posesión de su jefe. Privado de su jefe, el gran ejército que estaba acampado cerca de Cajamarca, no sabiendo qué hacer, se retiró al interior. Como precio de su libertad, el monarca Indio ofreció a sus captores oro suficiente para llenar el cuarto (22 por 17 pies) en el cual era mantenido cautivo. En unos pocos meses la promesa fue cumplida. De acuerdo con Garcilaso de la Vega, se acumuló oro por la cantidad de 4,605,670 ducados (15,000,000 pesos), y Atahualpa pidió su libertad. En esta coyuntura llegó Almagro con soldados para fortalecer su posición, y naturalmente insistió en que ellos también tendrían parte en el botín. Esto fue convenido y después de que la quinta parte, la participación del rey, había sido separada, se hizo una división adecuada del resto, arrojando una porción de $52,000 para cada soldado, aún para aquellos que habían llegado al final. No obstante, Atahualpa fue acusado y ejecutado el 24 de Junio de 1534.Desde Cajamarca Pizarro pasó a la capital de los Incas, mientras sus tenientes estaban obteniendo posesión de todo el territorio restante. Para mantener juntos a los indios, Pizarro había coronado rey a Manco Capac, un Inca, y el 6 de Enero de 1535, fundó la ciudad de Lima. Obligó a Pedro Alvarado, quien había llegado de Guatemala en busca de aventura, a regresar a su propio territorio, y envió a su hermano Hernando a España para dar cuenta a la Corte del nuevo imperio que se había unido a la Corona. El fue bien recibido por el emperador, quien confirió a Pizarro el título de marqués y extendió los límites de su territorio setenta leguas más a lo largo de la costa sur. El título de Adelantado, además del de Gobernador de Chile, que sin embargo, aún no había sido conquistado, fue concedido a Diego de Almagro. Luque ya no vivía. Almagro de una vez se puso a la conquista de Chile, tomando consigo a todos aquellos que quisieran seguirlo.
Manco Capac, mientras tanto, estaba tratando de fomentar un levantamiento en todo el Perú, sitiando efectivamente las ciudades de Lima y Cuzco. La llegada de Alonso de Alvarado, hermano del compañero de Cortés, salvó a Lima, pero Cuzco, donde estaban los tres hermanos de Pizarro, solamente fue salvado por el regreso de Almagro de su expedición a Chile y su reclamo de que la ciudad de Cuzco se estaba situada en el territorio que le había sido asignado en los decretos reales. Los Indios fueron puestos en fuga, Almagro tomó posesión violenta de la ciudad en Abril de 1537, e hizo prisioneros a Hernando y Gonzalo, habiendo muerto Juan. Tropas, sin embargo, fueron corriendo al rescate desde Lima; Almagro fue derrotado, tomado prisionero, y ejecutado, en Julio de 1538. Hernando fue a España pero no fue bien recibido en la Corte; estuvo encarcelado hasta 1560, y murió a la edad de cien años casi en extrema pobreza. Gonzalo se lanzó en su intrépida expedición para explorar el Amazonas, regresando para encontrar que su hermano Francisco no estaba más. Los seguidores de Almagro, ofendidos por la arrogante conducta de Pizarro y sus seguidores después de la derrota y ejecución de Almagro, organizaron una conspiración que terminó en el asesinato de Pizarro el conquistador de Perú en su palacio en Lima.
Pizarro tuvo cuatro hijos: un hijo cuyo nombre y el de su madre no son conocidos, y que murió en 1544; Gonzalo de un muchacha India, Inés Huaillas Yupanqui, que fue legitimado en 1537 y murió cuando tenía catorce años; de la misma mujer, una hija, Francisca, que subsecuentemente se casó después de haber sido legitimada por decreto imperial, junto con su tío Hernando Pizarro, el 10 de Octubre de 1537; y un hijo, Francisco, por una pariente de Atahualpa, que nunca fue legitimado, y murió poco después de llegar a España.PRESCOTT, History of the Conquest of Peru (London, 1889), Spanish tr. by ICAZBALCETA (Mexico, 1850); Diccionario enciclopédico hispano-americano, XV (Barcelona, 1894); ICAZBALCETA, Biografía de Atahualpa, Atahuallpa, Atabaliva, ó Atabalipa (Mexico, 1899); SANCHO, Relación de la Conquista del Perú, Italian ed. by RAMUSIO, Spanish tr. by ICAZBALCETA (Mexico, 1899).

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