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lunes, 9 de abril de 2007

REBELIONES INDIGENAS/ESTE TEXTO DEBEIS LEERLO Y PRESENTAR UN INFORME EN FORMA PERSONAL


REBELIONES INDÍGENAS Y
NEGRAS EN AMÉRICA LATINA
Kintto Lucas
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Rebeliones Indígenas y Negras en América Latina
© Kintto Lucas
Primera edición, Ediciones Abya Yala, 1992
Segunda edición, Ediciones Abya Yala, 1997
Tercera edición, Ediciones Abya Yala, 2000
Cuarta edición, Quincenario Tintají, 2004
A San Cono...
A mi Vieja,
porque sabe rescatar la vida...
INDICE
1. Introducción: El año uno de la era latinoamericana (500 años).
2. Caonabo
3. Enriquillo
4. Agueybana II
6. Cemaco
7. Urraca
8. Tecum Uman
9. Cuauhtemoc
10. Lempira
11. Rumiñahui
12. Tisquezuza
13. Aracaré
14. Sebastián Lemba
15. Lautaro
16. Guaicaipuro
17. Yaracuy
18. Jumandi
19. Nicaroguán
20. Zumbí
21. Sepé Tiarajú
22. Jacinto Canek
23. Makandal
24. Tupac Amaru II
25. Tupac Catari
26. Cordúa
27. Sempé
28. Fernando Daquilema
29. Fuentes Consultadas
INTRODUCCIÓN
El año uno de la era latinoamericana (500 años)
UNO
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A 500 años del llamado “descubrimiento de América”, el gobierno español y
sus pares latinoamericanos, apoyados por Estados Unidos y los países de la
Comunidad Económica Europea, festejan el gran aniversario. Sin embargo, no
voy a hablar de ese proceso que, iniciado con la llegada de Cristóbal Colón,
llevó a la destrucción de culturas, a la usurpación de tierras y riquezas, a la
explotación y casi exterminio de los indígenas. Tampoco recordaré que la
conquista se sigue procesando, y que los pueblos latinoamericanos siguen
sufriendo la maldición de las riquezas que aún quedan en estas tierras como
diría Eduardo Galeano. Que tras el oro, el petróleo, el uranio, se lanzan
hambrientas las transnacionales, conquistadoras modernas, descendientes de
aquellos que invadieron estos pagos. No quiero recordar eso, ni hablar de los
intereses del gobierno español y sus aliados de la OTAN en perpetuar la
humillación de nuestro continente utilizando el aniversario como fachada para
transformar a España en puerta de entrada de los “inversores” de la CEE
hacia América Latina, para lucrar con las privatizaciones. Ni siquiera intentaré
rebatir el significado histórico que dan los historiadores colonizados del
continente al hecho que denominan “encuentro de dos mundos”.
Prefiero pensar en el Año Uno. El Año Uno es, nada más ni nada menos, el
año posterior al del V Centenario. Tal vez el año que comencemos a
reconstruir nuestro destino de América Latina, esa gran Patria Grande
pluricultural y multiétnica. Avida de soluciones a sus problemas sociales y
económicos. Ansiosa de libertades y participación. Con la necesidad imperiosa
de transformase en un verdadero nuevo mundo, en el que la solidaridad, la
soberanía, y la participación de los pueblos sean reales.
Para que el año uno sea el comienzo transformador, debemos comenzar por
rescatar el pasado dormido en las bibliotecas, y contrarrestar una historia
resignada de antemano en las escuelas y liceos. Hay que desenterrar la
verdadera historia, liberándola de estatuas, museos y libros empolvados.
DOS
Hay que reconstruir la creatividad de América Latina, comenzando ser América
Latina, estructurando un nuevo tipo de sociedad, opuesta a la sociedad
capitalista que nos agobia y a la sociedad estalinista que agobió el Este
europeo. La nueva sociedad latinoamericana debe tener capacidad de
hacerse cargo, con su propias fuerzas y sus propios medios, de una realidad
que no es europea ni norteamericana. Una sociedad capaz de saber con qué
elementos está hecho este gran país que denominamos nuestro continente, y
como podrá ir caminando por ideas, métodos y formas organizativas nacidas
de su propia geografía, sin inventarse fantasías. Para eso habrá que pelear
mucho y será necesario tener una cabeza abierta, capaz de contrarrestar el
proyecto de las clases dominantes que siguen limitando las posibilidades a
una solución de la problemática económica, en la medida que llevan al
continente a ser objeto de políticas ajenas a nuestro ser, como la privatización,
bloqueando así la potencialidad de las mayorías de constituirse en sujeto
político de sus propios intereses. Para comenzar a construir esa nueva
sociedad es necesario que los sectores revolucionarios, junto a la gente,
tropiecen con la historia real, comprobando que donde se creían
predominantes las ideologías globalizantes o totalizadoras presenciamos la
transición hacia el dominio de otras formas comunicativas, como la cultura en
general, el arte, las religiones, las costumbres, las diversidades, los
submundos y la subjetividad del pensamiento. ¡Cuidado! Esto no significa el fin
de las ideologías, sino un estudio más abierto, menos cuadrado de sus
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influencias en la actualidad. La llave del circulo opresor de América Latina no
está solo en la política y la economía, sino también a nivel subjetivo de la
sociedad. Esto obliga a estudiar, resignificar y aprehender todo lo que
represente la cultura latinoamericana -mitos, creencias, leyendas, la verdadera
historia- para que, vinculándola a un quehacer liberador, se puedan extraer
alternativas propias de un camino en el que -rescatando la vigencia del
socialismo como fin- se tenga en cuenta al ser humano con todas sus
potencialidades y debilidades. Con todos sus mundos, vivencias y creencias. Y
así partir hacia a la construcción de un nuevo ser humano más solidario, más
colectivo, más unido y más respetuoso de las individualidades y las
diversidades. Un ser con una verdadera identidad. Debemos reconfirmar el
espíritu que nos haga saltar de la fatalidad impuesta a la esperanza cierta, en
palabras de Galeano.
TRES
Es necesario realizar una contraconquista y conquistar con el pueblo, el lugar y
el poder donde reside el dominio de la subjetividad, que señalando como debe
ser el nuevo mundo, sabrá decir como debe ser el nuevo pueblo y cuál es su
misión en la dirección de una nueva sociedad.
Hoy más que nunca las fuerzas populares del continente deben partir de
América Latina para llegar a América Latina. Conocer América Latina y
tornarla nuestra, como dice José Martí, es el desafío y el camino de su
liberación. Ese camino, esa salida, requiere de una amplia participación de
todos los oprimidos de esta sociedad. Será plurinacional (latinoamericana) por
popular y diversa, popular y diversa por democrática, y democrática por su
capacidad de participación desde la base, desde la raíz; en la consolidación de
una sociedad revolucionaria por socialista, socialista por comunitaria, y
comunitaria por el rescate del ser humano en la construcción colectiva de un
poder popular. El destino de cada uno de nuestros países se juega como
nunca antes en el de toda América Latina. El camino a Nuestra América no es
fácil, exige un esfuerzo de imaginación que sobrepase la sustitución de
economicismo estalinista por el economicismo neoliberal o la adaptación al
capitalismo, pintándose la cara de otro color. Una imaginación necesaria para
contrarrestar el robo de la palabra integración por parte de las clases
dominantes, e impuesto desde los centros de poder del norte. La integración
no es de forma sino de espíritu y propósitos, como decía Bolívar, y está
íntimamente ligada a la construcción de un Nuevo Ser latinoamericano. Un ser
dueño de si mismo, capaz de conducir su propio destino como señalara
Artigas.
En el año del V centenario de la conquista, resulta imprescindible que los
pueblos latinoamericanos nos acerquemos más a nuestra realidad
pluricultural, multiétnica y plurinacional, proyectando el hecho puntual de 1992
hacia una lucha común por la libertad del continente. Que en el Año Uno de la
Era Latinoamericana, Abya Yala, la tierra en plena madurez, nuestro
continente, sea transformada por la sabiduría; Amaru, la serpiente sagrada, la
resguarde y el Cóndor proteja a sus pueblos. Que en el Año Uno comience la
consolidación de una nueva historia, para que en los próximos 500 años el
festejo pertenezca a los pueblos... Comencemos caminado la memoria.
Kintto Lucas
Febrero de 1992
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Siempre que uno entra en los laberintos de la memoria tiene la posibilidad de
recorrer hechos y miradas que marcaron la vida de otras épocas, y de todas.
Las imágenes surgen entre fogonazos de luz, y de neblina, son fuego en el
silencio del recuerdo, rebeldes entre el día y la noche, símbolos de lo que
vendrá. Venimos del ayer caminando memorias de rebeldes y rebeldías,
volvemos al presente para andar rincones de la América Latina, fundirnos
con su gente y transitar parte de su vida... quinientos años después...
CAONABO
1494. Hace dos años, cuando Cristóbal Colón llegó a esta isla que nombró
Española, estaba gobernada por cinco caciques... Cinco jefes de alma
tranquila y poca guerra... Sin embargo el camino de las semanas fue
cambiando las miradas. Y fue llegando la realidad... Y vino el tiempo en que
Colón tuvo que retornar a España para contar "su descubrimiento". Y llegó la
hora en que cinco europeos secuestraron dos mujeres indígenas y las
violaron... Y se acercó el minuto en que mataron un puñado de nativos por el
placer de matarlos... Y el adelantado Colón sonrió y dijo: “servirá para que
nuestros hombres sean respetados. Hay que poner temores en esta tierra y
mostrar que los cristianos somos poderosos para ofenderlos y dañarlos".
Los árboles se estremecen, coro-coros y pitirris nostalgian la selva, y el indio
comienza a rebelarse. Guanacagarí el traidor, amigo de Colón, le sigue siendo
fiel junto a su tribu. Los otros caciques rompen la amistad. Desde España el
almirante dice y ordena "sobrecargar los navíos de esclavos", para venderlos
en Madrid. Cuando regresa a la isla se sumerge en la fiebre del oro. "Hay que
mostrar a los reyes que los gastos del viaje no fueron inútiles", dice.
El Cibao, dominio del cacique Caonabo posee las minas más ricas... Todos los
vecinos de la zona, mayores de catorce años, entregarán cada tres meses
cierta cantidad de oro a los españoles. Los que viven lejos deben dar una
arroba de algodón por persona. Para que nadie se escape del tributo Colón
ordena que cada indio lleve colgado en su cuello una moneda de cobre a la
que se hará una muesca especial por cada pago.
Cierto día Caonabo ve entrar en sus tierras un grupo de soldados de Fuerte
Navidad... Con sus hombres los ataca y les da muerte. Luego se dirige a la
fortaleza y el fuego se hace presente en el horizonte. "Pagan por sus culpas y
malas obras", dice el cacique a su gente señalando las llamas. Colón hace
construir otro fuerte, en la propia región del Cibao. Caonabo lo sitia durante
treinta días... Luego debe retirarse, sus fuerzas no alcanzan para vencer al
invasor. Solo habría una posibilidad: la confederación de caciques. "Unámonos
todos los pueblos", dice el jefe indígena.
Levanta su tribu en armas y conversa con otros jefes. Todos están de acuerdo,
Guanacagarí no. Las bajas europeas comienzan a sumarse... Convencido de
que sería difícil vencer, Alonso de Ojeda, lugarteniente del genovés se
presenta en la aldea de Caonabo... besa sus manos y afirma: "Traigo un
obsequio del almirante". Luego muestra unas esposas de latón, metal
admirado por los indios. "Solo los reyes de Castilla en sus fiestas utilizan este
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adorno. Debe colocarse junto al río", dice. Creyendo la palabra del enemigo,
Caonabo monta en la garupa del caballo de Ojeda y parte rumbo al río. Al
colocarse las esposas parte rumbo a la prisión... Colón decide exhibirlo frente
a la puerta de su casa...
Allí está Caonabo, esposado, sin hablar ni mirar al genovés. Sin embargo
cuando pasa Ojeda lo saluda. "El almirante no tuvo el valor de ir a prenderme
y Ojeda si, por eso lo respeto", dice a quien le pregunta... El pueblo del Cibao
comienza a preparar la liberación. Colón se preocupa y decide enviarlo a
Castilla... Durante el viaje, la furia de los mares destruye el barco...
Encadenado a un mástil, Caonabo, primer jefe de la resistencia indígena,
muere ahogado... La confederación indígena se afianza años después...
Anacaona, la bella mujer de Caonabo lidera la región de Xaragua... El
hermano del jefe asume El Cibao... La resistencia dura años pero finalmente
es derrotada. El hermano es preso... Anacaona muere quemada frente a su
caney... Algunos caciques sobrevivientes deciden retirarse a las montañas...
Las rebeliones no pararán... El cacique Guarionex se levanta junto a otros
jefes... estará preso tres años en el Fuerte de la Concepción, luego será
desterrado y morirá en el viaje. Su hermano Mayobanex estará en prisión
hasta que la vida decide olvidarlo... La entereza vuela el polvo de los siglos y
resiste la invasión norteamericana de 1916, camina junto a Francisco
Caamaño Deno y sus compañeros que bienpelean a otros marines que
invaden República Dominicana en 1965... Sigue los caminos del viento... y la
guiñada de las estrellas...
ENRIQUILLO
1498. La llovizna calma el calor de la noche dominicana pero no puede con el
fuego que se extiende por el poblado indígena... Ya no queda caney en pie...
Guarocuya, futuro cacique del Vaho ruco ve morir a sus padres carbonizados
por las llamas españolas. Mira el presente sin descubrir el mañana...
Bartolomé de las Casas, un franciscano preocupado por los indios, lo salva de
la matanza y lo lleva a su convento. Allí lo bautizarán, allí pasará a llamarse
Enrique... Enrique Guarocuya.
A los doce años será dado a Francisco Valenzuela de quien recibirá buen
trato. Cuando este muera pasará a ser propiedad del hijo que lo tratará como
esclavo. Se quejará Enrique ante el gobernador pero conseguirá insultos y
amenazas de prisión. Se quejará también ante la Audiencia de Santo
Domingo, sin solución... Su vida, como la de todo su pueblo, irá empeorando.
Con la realidad, se acabará la paciencia inculcada por los dominicos y se
marchará a las montañas del Bahoruco. La adhesión de los otros caciques no
se hará esperar...
"Hermanos, consigan armas del español. Pero siempre que puedan, no
derramen sangre", dirá a sus guerreros antes de organizar la guerrilla. Para
proteger a mujeres, niños y ancianos los retirará a los lugares más alejados,
donde se levantarán pueblos... Cada cacique con su tribu se ubicará en algún
punto estratégico de la montaña, vigilando el llano que traerá la represión.
Para evitar posibles delaciones, Guarocuya, o Enriquillo como ahora se le
conoce, no dejará saber su paradero. El primer grupo de españoles que
llegarán tras él, estará comandado por el joven Valenzuela. A caballo la
montaña se hará impenetrable, y a pie serán vulnerados con las piedras
arrojadas por los indígenas. En la retirada Valenzuela caerá en manos de
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Enrique... el cacique se apiadará de su enemigo advirtiéndole que no retorne.
Después vendrá la expedición organizada por la Audiencia de Santo Domingo
y será derrotada. Los indígenas sometidos abandonarán a sus amos y se
sumarán a los alzados... Y el cacique descubrirá el mañana, que ya es hoy:
1524. Catorce años de mucho pelear y los rebeldes no pueden ser vencidos.
Cierta ocasión setenta europeos quedan acorralados en una cueva. Los
indígenas prenden fuego en la entrada para asfixiarlos. Guarocuya manda
apagar las llamas y los libera.
"Tenemos que conseguir el respeto de nuestro pueblo y defenderlo con honor
sin sangre porque sí. Nunca reconocimos ese rey de Castilla... Desde que
llegaron sus hombres fuimos tiranizados. Por eso peleamos", dice. Cien mil
castellanos de la caja del rey se han gastado para combatir a los indígenas y
los españoles ya no quieren ir a la guerra... La Audiencia impone penas. Los
soldados la acusan de haberse robado el dinero de las campañas. Los
ataques no paran y las derrotas españolas tampoco. Un fraile se llega a la
montaña a pedir que hagan la paz y escucha las palabras del jefe: "Para que
no me maten como a mis mayores, vine a mi tierra. Ni yo, ni los míos hacemos
mal, solos nos defendemos del invasor que quiere capturarnos. No viviremos
en servidumbre".
Meses después un capitán español llega a proponer una tregua. ¿La
condición?. Si los indios entregan el oro expropiado a los españoles, pararán
los ataques. Enrique accede entregarlo en la playa. Los europeos llegan por
mar, dejan el barco a la vista y avanzan. Enrique se retira y sólo un pequeño
grupo espera. El oro se entrega y se establece una tregua de cinco años.
Algunos indígenas bajan al llano para instalarse en los poblados. Enrique y la
mayoría de sus guerreros permanecen en la sierra. Allí caminará su vejez...
Dicen los de vida vivida que con el caminar del tiempo, en el lago Enriquillo,
cercano a la frontera con Haití, al pie del Bahoruco, mirando con ojos de
justicia se puede ver la imagen de Enrique Guarocuya bebiendo agua, antes
de volverse a la montaña.
AGUEYBANA
1511. Los indígenas de San Juan no aceptan más nubarrones en su tierra,
quieren el sol que alumbre sus vidas... Como no llega deciden sembrarlo... Es
así que Agueybana II, indio esclavo de Cristóbal Sotomayor -dueño del pueblo
que lleva su nombre-, decide terminar con los españoles que no fueron "ni
deseados, ni llamados", según dice a sus amigos. Conversa con los jefes
indígenas de distintos rincones, conspira, busca el alzamiento... Cacique
heredero en tierras caribeñas Agueybana II organiza primero a su gente y
luego logra confederar todos los pueblos... Antes hay que sortear un rumor
que ha corrido como los alisios por toda la isla: "Los españoles no son tocados
por la muerte" dicen las voces y, los indios no quieren guerrear sin salir de
dudas...
El cacique Uroyoan es encargado de conocer la verdad. Lleva adelante un
plan: con tres de sus guerreros acompaña un español que va en viaje, algo
usual por estos tiempos... Cuando llegan al río le proponen llevarlo alzado
para que no se moje, una costumbre de la hora... Al llegar a la mitad lo hunden
para ver si se ahoga. Sin salir de su asombro el español está minutos y más
minutos tragando agua. Luego lo sacan a la orilla lo dejan tendido contra un
árbol y esperan tres días a que resucite... Cuando comienza a oler mal
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conocen la realidad..."Mueren como las plantas, el pájaro o el tigre malo", dice
Uroyoan. Enseguida comienza la guerra... A la hora marcada cada cacique
arremete contra los españoles de su lugar. Agueybana II dirige el incendio al
pueblo Sotomayor. Todos cumplen el compromiso, todos pelean, muchos
españoles mueren... La revancha de Juan Ponce de León, gobernador de la
isla camina rápido. "Destruiremos a todos los indígenas, terminaremos con
Agueybana y toda su tribu", grita enfurecido. Con los soldados que le quedan,
ataca en la noche.
Muchos indígenas mueren pero el cacique logra escapar. En los meses
siguientes se sucederán los ataques a dominios de otros jefes, produciendo
cientos de bajas en los nativos. Asolando la isla...
Los indígenas se defienden hasta el fin. Los sobrevivientes se refugian en la
región de Yaguaca donde esperan el asalto español, con la determinación de
Agueybana de "morir o matar al invasor". Juan Ponce de León se dirige al
lugar. Llega el atardecer y el aire sigue quieto. Ya negra la noche decide
retirarse. En una sola batalla puede tener muchas bajas y ser derrotado, en
pequeños enfrentamientos puede ser distinto... Así logra matar a todos los
caciques, entre ellos al jefe Agueybana II que deja regar su sangre
reclamando un mañana... Los indios que sobreviven quedan hechos esclavos.
Con los esclavos negros se levantarán... Caribes y taínos seguirán
guerreando, obligando a los europeos a dejar algunos fuertes, pero no podrán
con la continua guerra y serán casi exterminados. Y Puerto Rico seguirá
colonia...
En 1968, retomando valores de Agueybana II y sus guerreros, Ramón Emetrio
Bentancor peleará la independencia... Por los tiempos otros rebeldes se
adueñarán del porvenir y Pedro Albizu Campos será el encargado de combatir
al nuevo colonizador norteamericano manteniendo sueños de luz y
libertades... Y Puerto Rico sigue colonia...
Hoy, los nacionalistas mantienen vivo el calor de sus ayeres... Nunca estrella
en bandera ajena, siempre estrella libre en tierras caribeñas... Macheteros de
la vida, con andares de un mundo amanecido...
HATUEY
1512. Una comunidad de los indígenas taínos que habita el oriente de la isla
de Cuba es invadida por los señores que vienen de Europa. Las viviendas se
derrumban y el fuego corre por la aldea. No se respeta la vida, no importa la
cultura, se maltratan las leyendas y se intenta fusilar los sueños de ese
pueblo. Después de echar a los indios que sobreviven a la matanza y destruir
las chozas que aún están en pie, los europeos construyen allí la capital de la
isla dándole el mismo nombre que el poblado nativo: Baracoa. Los indígenas
rebeldes se esconden en las montañas. Hatuey, un cacique llegado en canoa
desde Santo Domingo, se encarga de organizar la sublevación. Antes toma
una canasta llena de oro y dice a sus guerreros: "Este es el señor de los
españoles, por tenerlo nos angustian, por él nos persiguen, por él han muerto
a nuestros padres y hermanos, por él nos maltratan". La rebeldía se contagia y
los enemigos se empeñan en capturar al jefe rebelde... En pocos meses los
castellanos hacen cautivo al gran cacique. Los pájaros como el trueno y la
lluvia llevan y traen la voz entre los vivos y los muertos. La tristeza corre por
las aguas del río Toja, amarillea las hojas de los árboles, sube la montaña del
Junke y nubla el cielo. Desde sus escondites serranos, las tribus piden al gran
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sol, dueño de todos los poderes del universo, que "entregue al gran cacique
toda la fuerza que necesita para resistir al castigo. Que la luz de su cuerpo no
se apague ni con el viento de los huracanes, ni con la voz del trueno, ni con la
lluvia de los diluvios". En los alrededores, en la explanada que lleva al mar, en
el descampado de Yara, los españoles invocan nuevamente la muerte del
fuego. El hereje es el cacique Hatuey. La hoguera, el vino y el festejo son
partes del rito preparado por los europeos. Un sacerdote conversa con el indio:
- Hijo no temas a la otra vida. Esta vida no es la única que has de vivir. Si tu
alma acepta el bautismo, irás al reino de los cielos donde Cristo es rey.
- ¿Y quiénes viajan a ese reino? - Los cristianos, los hombres buenos.
- ¿Y los españoles son cristianos?
- Sí, ellos creen en Cristo... son hijos de Dios...
- Entonces yo no tengo que hacer nada entre ellos. Mi alma no puede caminar
con el alma de los españoles. Ella debe ser libre y vivir en el territorio que
separa el reino del cielo del reino de la tierra.
- Ave María Purísima. Dios perdone tu rebeldía. Entre las llamas, la imagen
luminosa de Hatuey va desapareciendo. El sacerdote observa...
Los viejos sabios indígenas hablan con el sol: "Que la luz de su cuerpo no se
apague, ni con el viento de los huracanes, ni con la voz del trueno, ni con la
lluvia de los diluvios, ni con el camino de los tiempos". De aquel oriente
cubano, tierra de Hatuey, nacerán las luchas por la independencia lideradas
por José Martí, aquel que susurrara a cuatro vientos en 1891: "En que patria
puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de
América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del
libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles...
La historia de América, de los Incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque
no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la
Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria... Injértese en nuestras
repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle
el pedante vencido, que no hay patria en que pueda tener el hombre más
orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas... Del Bravo al
Magallanes regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y
por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva...".
Del oriente marchan los barbudos hacia La Habana en 1959, con la libertad a
cuestas... Hoy, cuando la noche no grita con la voz del trueno, ni silba el viento
de los huracanes, ni llora la lluvia del diluvio... cuando la noche es más
reposada, surca el cielo de Yara una luminosidad resplandeciente. La ven los
que viven cerca del mar, los de atrás de las montañas, los de Villa Baracoa,
los que caminan con el sueño a flor de piel... Dicen las voces que es la luz de
Hatuey, primer rebelde cubano... La luz de Yara... Alma de Oriente...
CEMACO
1513. "¿De dónde viene el oro?", pregunta Vasco Núñez de Balboa al cacique
preso. "Del cielo viene", contesta burlándose el indígena. El español
enfurecido aumenta la tortura... Cemaco, que así es su nombre, resiste un
tiempo más pero al final decide decir el lugar donde queda la mina. Los
españoles habían encallado con su barco en la entrada del golfo de Uraba
donde fueron recibidos a flechazos. Fue entonces que decidieron marchar
hacia la orilla de un río, donde se desarrolla un gran pueblo. Así alcanzaron el
río Darién que "es como un Nilo en otro mundo", según dijeron. Las flechas del
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cacique Cemaco y su gente los esperaban para darles malvenida... Al ver un
pueblo tan decidido los europeos se hincaron de rodillas y se encomendaron a
Dios, luego prometieron a Nuestra Señora del Antigua: "Si vencemos, la
primera iglesia y el primer poblado de estas tierras se llamará Santa María del
Antigua". Cemaco y los suyos fueron derrotados. Ahora el cacique está preso,
torturado por el oro y pensando en fugarse... En un descuido de sus guardias,
una noche logra escapar y se refugia en la casa de uno de sus guerreros,
desde donde incita a su gente: "Prepárense para atacar y no cesar de atacar
al invasor". Y prepara la guerra.
Los indígenas consientes de la repugnancia que el trabajo del campo inspiraba
a los europeos, ven la posibilidad de vencerlos por hambre y cuando se
presenta la oportunidad huyen de las plantaciones y queman los sembradíos
coordinando el accionar con su jefe "que no siempre duerme y está en todo
lugar".
Hay nervioso descontento entre los invasores. Vasco Núñez envía a Francisco
Pizarro con un puñado de hombres a que hagan un reconocimiento en los
alrededores de la ciudad. Al poco tiempo de andar sale a su encuentro
Cemaco con sus hombres... Se lucha durante minutos, y los españoles
retroceden. Vasco Núñez decide salir con un gran ejército para castigar al
cacique... Busca y busca pero ya no lo encuentra. Otros caciques se suman a
Cemaco y mantienen la lucha. El plan es atacar la Antigua. Una joven cautiva,
amante del jefe español tiene su hermano guerrero... Este la previene del
peligro y la alerta a esconderse en el momento del ataque. Ella cuenta al
español lo que sabe... él la convence de atraer a su hermano... Preso, la
tortura se encarga del resto: todos los pormenores del complot y el nombre de
todos los caciques que estarán al frente son confesados. Por tierra y agua se
movilizan hacia los sitios indicados... Ajenos a la menor sospecha de traición,
los indígenas son sorprendidos en medio de los preparativos del combate. El
ataque no da tiempo a reaccionar. Todos los caciques son colgados... Tiempo
después los indígenas incendian Santa María y nuevos caciques se
sublevarán: Secativa, Tubanava, Bea, Guaturo, Corobari... Muchas zozobras
esperan a Panamá... Otros invasores vendrán a quedarse con el canal y El
Omar levantará el nacionalismo... pero los panameños todos tristecearán la
madrugada. Tal vez un día cualquiera, de abril o septiembre, un día de luna y
mil estrellas, el puma despierte... Del Darién a la sierra, del atlántico al
pacífico, arderá la memoria de los sueños... y caminará la historia con sus
recuerdos...
URRACA
1520. Este rincón de Panamá á llamado Natá es pródigo en rebeldes... Madre
de rebeliones y rebeldías... Tierra de Urraca, cacique de valor, vigilante alerta
del pasar español, ojo de la selva, río de las montañas... Urraca los vio llegar y
los siguió. Venían capitaneados por un tal licenciado Espinosa, querían a Natá
por rica, para levantar un poblado...
Aquí levantaron su campamento... Aquí el ojo del monte los sitió... Aquí los
atacó... El combate fue duro y demorado antes de que los indígenas se
retiraran a las orillas del río Atri, antes de que algunos guerreros se
desparramaran por el campo y se dejaran prender, antes del interrogatorio y la
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tortura... ¿Dónde está á su jefe?", pregunta el español. "Se fue a la montaña a
esconder sus tesoros", responden los nativos presos.
Sin dejar tiempo pasar, los europeos corren hacia el lugar indicado. Los
tesoros no están, están sí los indígenas... esperando agazapados al invasor
que muere de a muchos. Los
españoles se inundan de rabia y preparan otra incursión.
"Daremos un escarmiento a la osadía de esos indios", dicen... y otra sorpresa
los espera... No hay alma viviente en ningún rincón. Las flores están solitarias,
el monte tranquilo, los pájaros aletean y cantan, son el único ruido... Pero
donde menos lo
imaginan, en la angostura de un río que camina quieto, surgen los guerreros
de Natá. Aunque la victoria sea de las armas extranjeras, los conquistadores
pierden varios soldados. Luego de la repartija de esclavos, los europeos
fundan el poblado... Los indios cautivos no pararán en él.
Aliado con Bulaba y Musa, caciques de zonas vecinas, Urraca sigue
guerreando al conquistador. Villa de Natá vive en sobresalto. Los españoles
quieren prender a uno de los jefes pero no pueden. Recurren al engaño...
envían un mensaje a Bulaba diciendo querer negociar y asegurando que nada
le ocurrirá. El cacique confiado se presenta a dialogar. Lo dejan preso y luego
lo destierran. Urraca se indigna. Si el odio a los españoles ya era país en su
ser, hoy el rencor traspasa las fronteras. Reúne a su gente y habla: "Es hora
de destruir aquellos que no guardan fe en sus promesas... Ni palabra, ni paz
guardan. Valdrá á más morir en combate que seguir la vida de zozobra".
En pocos días inician el ataque a poblados españoles. Los indígenas
esclavizados de cada lugar también se levantan. Los europeos mueren a
pesar de su poderío. Villa de Natá es atacada varias veces... Y la guerra lleva
años... y el poder indígena se debilita... y el ejército español arremete contra
todos los poblados indios, hubiera guerreros o no... y el fuego se abre camino
entre las chozas... Urraca y sus guerreros deben replegarse a las montañas.
Allí estarán repeliendo a los invasores... pero un día paran los ataques. Al ver
que son pocos y el único foco de resistencia, los europeos deciden retirarse.
"Ni guerreros le quedan al Urraca ese, se pudrirán en la montaña, dejemos de
atacarlos", dice el jefe español a sus soldados. Sin embargo, cada cierto
tiempo, cuando la noche es día, los indígenas atacarán algún pueblo o
realizarán emboscadas para obtener alimentos y "dañar algo al invasor"... La
montaña se hace casa donde morir maldiciéndose por no poder terminar con
el enemigo... Dururua tomará la lanza para victoriar algunas batallas, pero la
noche seguirá oscura en la montaña. El atardecer de la vida se hará á dueño
de Panamá con muerte, bombardeos y Chorrillos destruidos... Sin embargo la
luna seguirá peleando por rumbear hacia la sierra, a encontrase con su
camino libre, mojarse en el río de las montañas e iluminar el ojo de la selva...
TECUM-UMAN
1525. "Ese día se mató y prendió mucha gente, muchos capitanes y señores",
dice Pedro de Alvarado evocando la lucha de su ejército con los guerreros
maya-quiché, el año anterior... Mira el campo todavía manchado por la sangre
indígena y siente satisfacción por la muerte...
Las altas mesetas de la cordillera guatemalteca están habitadas por la tristeza.
Cuando los soldados españoles, gobernados por la sed de oro, entraron en
esta región el pasado año, encontraron los caminos obstruidos por troncos de
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á árboles... Fue la primera muestra de que los habitantes del lugar no
deseaban amistad con el invasor... Más adelante había grandes trincheras con
palos puntiagudos clavados en el fondo... Muchos caballos y jinetes quedaron
allá... los quiché sabían quienes eran los que venían. Sabían el horror del
futuro... Estaba escrito en el Chilam-Balam. Llegaban los grandes
amontonadores de piedras, los hacedores de esclavos... La esclavitud llegaba.
No habría paz...
Tecum-Uman y sus diez mil guerreros serán los encargados de combatir al
invasor. con los brazos-alas cubiertos de plumas coloridas, corona de plata y
oro y en el pecho una esmeralda como espejo que refleja los enemigos...
volaba como á águila... En Pacham fue la pelea. Duró tres horas y muchos
guerreros cayeron... Dicen que antes de entregarse, el capitán Tecum alzó sus
brazos-alas y levantó vuelo... Dicen que se lanzó sobre Alvarado y su lanza
cortó la cabeza del caballo, sin matar al jefe español... Dicen que su lanza era
de espejos... Dicen que cuando fue por segunda vez, Alvarado lo esperó y
atravesó de un lanzazo al capitán Tecum... Dicen que cuando cayó el cacique,
un águila cayó... un quetzal, un mundo cayó... Dicen "Capitán Tecum, vuelve a
volar capitán"... Dicen que desde aquel día ese rincón de la América Latina se
llama Quetzaltenango... Dicen que el águila y el quetzal quedaron tendidos en
la tierra... Dicen que no eran dos sino uno solo... Y al final de la batalla los
españoles siguieron invocando la muerte.
Dicen que "el cielo se volvió rojo, rojo se reflejó el sol, sobre la tierra encendida
roja la
sangre corrió"... Y un río ubicado al final del campo de batalla, hacia
Olintepeque, cambió de color... de nombre cambió, Quiquel se llamó...
A los cuatro días de caído Tecum un nuevo ejército integrado por la mayoría
de los caciques quiché, surgió con ánimo de vengar la muerte del águilaquetzal.
Pelearon bien y decidido, pero fueron derrotados. Los muertos
pisoteados por los caballos. Los prisioneros vendidos como esclavos...
"Esclavos de nuestros suelos, solo nos queda morir, más la esperanza no
muere, volveremos a vivir"...
Desde allí avanza la conquista hacia Utatlán, capital de los pueblos mayaquiché
que, fortificada y rodeada de barrancas, resiste... Los dos jefes son
quemados vivos, luego las llamas toman la ciudad... "Nos arrancaron la tierra,
la milpa y el corazón, nos arrojaron al fuego, en nombre de un nuevo Dios"... A
Guatemala le seguirán arrancando la tierra... Las aldeas indígenas seguirán
siendo víctimas del fuego de otros ejércitos... Pero la esperanza sabrá pelear
el día. Con Jacobo Arbenz en 1957. Con los que siguen buscando la libertad,
en los valles, la costa, el altiplano, las montañas, la selva, los volcanes, las
orillas de los ríos... En plantaciones y fábricas... Por oriente y occidente, norte
y sur, por todos los rincones hay guerreros... caminantes del sueño y la
esperanza... "La tarea de la liberación en el mundo indígena de Guatemala se
aprende como se aprende a dar un puñado de maíz o una noche de
caminata... vamos acuerpando un
movimiento... pero es un gran caminar", dice Rigoberta Menchú. Y tal vez el
Chilam-Balam vuelva a predecir el mañana: "llegará el día en que alcancen a
Dios las lágrimas, y de sus ojos baje la justicia de un golpe sobre el mundo...
CUAUHTEMOC
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1525. "Llovió y relampagueó y tronó aquella tarde, hasta media noche, mucho
más agua que otras veces. Y desde que fue preso Cuauhtemoctzin quedamos
tan sordos todos los soldados, como si de antes estuviera un hombre llamando
de un campanario y tañesen muchas campanas, y en aquel instante cesasen
de repente de las tañer...", así describe el anónimo de Tlatelolco el día en que
el último rey de los aztecas fue preso... Primero fue una llama grande,
después cuando ya era nochecita fue una llovizna y vino la niebla... cuando la
noche ya era oscura apareció nuevamente el fuego surgido como desde el
infinito para ir a morir en la laguna. Cuando llegaron los españoles
Cuauhtemoc se rebeló contra su suegro Moctezuma por considerarlo muy
servil a los extranjeros, después organizó la defensa... Ya hace cinco años que
echó a los europeos de Tenochtitlan, cinco años de la noche triste. Ahora la
noche es mucho más triste aún, Tenochtitlan cae junto al jefe azteca... A la
ciudad la incendian, a él se lo llevan en la canoa mientras el pueblo llora... Los
de barba descargan sus cañones festejando el fuego de la muerte... Los
indígenas comienzan su éxodo... por el agua se van, con los hijos a cuesta
escapando a la masacre, se van... Algunos se ahogan, otros son muertos por
los españoles. Muchos no son vistos y logran escapar, los conquistadores ya
están más preocupados con el oro y las piedras preciosas... con el saqueo y la
codicia... Noventa y tres días resistiendo. Unos escuadrones en las calzadas,
otros en las canoas, otros abriendo trincheras algunos haciendo lanzas,
flechas y piedras rollizas para tirar con las hondas... Mujeres, hombres y niños,
todos embarcados en lo mismo, todos peleando el futuro... Dominada la
ciudad los europeos destruyen los edificios que aún están en pie y luego
aplanan el suelo para enterrar todos los cadáveres de una sola vez. Más tarde,
sobre las ruinas de Tenochtitlán edificarán la Ciudad de México. Cuauhtemoc
y sus amigos Coanacoch y Tetlepanquetzal, caciques que lucharon junto a él,
reciben el martirio de la tortura, soportando con dignidad y silencio. Tecuichpo,
copo de algodón, joven esposa del rey sufre la suerte reservada a las
prisioneras: primero la viola Cortés y luego sus soldados. Los españoles
preguntan por el tesoro abandonado cuando huyeron de Tenochtitlan, el día
de la noche triste. Cuauhtemoc queda inválido de los pies pero no habla, los
otros dos caciques también se mantiene sin decir una palabra... todos callan.
Los soldados están nerviosos, reclaman el oro y creen que Cortés lo tiene
pero se lo da sólo a sus colaboradores más cercanos. Algunos se alzan y sale
a perseguirlos con los hombres que le quedan, se lleva a los indígenas para
"asegurarse". La tristeza corre por todo el territorio. Toman la ruta del sureste,
atraviesan ríos y llegan a las zonas pantanosas. Hacen, deshacen y rehacen
caminos muchas veces. Cuando se aproxima la tropa, los pueblos se vacían,
la gente se esfuma sin dejar nada. Se acaban los víveres y empieza el
hambre, la sed, el miedo, las enfermedades. y la fatiga. Al llegar a la provincia
de Acalan, más tarde estado de Campeche, para descansar... los indígenas
deciden cantar su historia recordando glorias pasadas. Los jefes y los otros
indios que van en la expedición bailan su areito con alegría... Ríen del destino.
El conquistador tiembla, siente miedo al ver la seguridad de sus enemigos...
los acusa de conspiración y decide matarlos de una vez. Cuauhtemoctzin y
Tetlepanquetzal son colgados del sagrado árbol de la ceiba, los otros son
muertos poco a poco: aperreados unos, ahorcados otros...
Cuauhtemoc traspasa el fuego de la noche, destierra los nubarrones y se
adueña del camino reclamando los mañanas que vendrán... Vendrán con el
cura Hidalgo y José Morelos en 1810, con Juárez en el 61 y con Emiliano
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Zapata y Pancho Villa en 1910. Vendrán con la revolución y se irán... pero
seguirán viniendo, aunque no se vean... los mañanas seguirán viniendo...
LEMPIRA
1531. En el departamento de Gracias, Honduras, la montaña Cerquín es una
fortaleza que resiste a los conquistadores. Inexpugnable a caballos, cañones y
arcabuces, vive su vida de comunidad. Lempira, un cacique de cabellera
adornada con plumas de Quetzal comanda los 30.000 indígenas que no
aceptan ser esclavos. "No quiero conocer otro señor, ni saber otra ley, ni tener
otras costumbres que las que tengo. A Cerquín no podrán entrar" suele decir
el jefe indio mientras observa el ave sagrado, con su cola de brillantes colores,
hacer nido en los huecos dejados por pájaros carpinteros, o volando de rama
en rama para recoger sus frutos. "Solo la traición, puede vencernos -piensa-,
pero la traición, no hace nido en mis guerreros". Años queriendo exterminarlo
sin poder, los españoles sueñan con Lempira creyéndolo fantasma. No
quieren aceptar su vida pero no pueden ignorarla. Su ejemplo los
intranquiliza... y llega a otros pueblos. Los indígenas establecen una red de
abastecimiento de agua y maíz que con las frutas del monte son la comida.
Los europeos buscan cortar la red. No pueden descubrirla. "¿Por dónde les
llega la comida? Están cercados y en esa montaña inmunda es imposible
producir algo", gritan cargados de ira. Nadie logra penetrar en el Cerquín pero
los guerrilleros indios entran y salen.
Conocen cada rincón, cada precipicio, cada escondrijo... Pedro de Alvarado,
conquistador de Guatemala había logrado dominar todos los jefes de los
pueblos asentados en Honduras.
Así, luego de cientos de muertes pudo fundar la ciudad de Gracias a Dios,
muy cerquita del Cerquín. Lempira y sus compañeros fueron irreductibles.
Indomables como la propia montaña, la selva o el valiente puma... "Vamos a
terminar con ese indio" decían los españoles. Expedición tras expedición
regresaban sin victoria. Luego de mucho perder usan la astucia... usan la
traición,. Los soldados tiene miedo y no aceptan el plan. El capitán Alonso de
Cáceres obliga a dos de sus lugartenientes a cumplir la misión. Se trasladan a
la montaña-fortaleza, uno lleva bandera blanca de rendición, otro va detrás
armado de arcabuz. Cuando Lempira se acerca a dialogar una bala se
introduce en su corazón. El cuerpo rueda por la montaña... la vida camina
símbolo de la raza... vuela en cada Quetzal... renace en Francisco Morazán
tres siglos después, vive en los que no quieren ser esclavos... Más después,
cuando desde las bananeras del litoral, o los cafetales del sur miran hacia las
montañas, ven al cacique saltando el horizonte... como el Quetzal, libre de
jaulas y anocheceres...
RUMIÑAHUI
1535. Francisco Pizarro, el conquistador, llegó al territorio incaico con su sed
de oro. Atahualpa, el Inca, para salvar su vida ofreció llenar un cuarto con
piezas del metal amarillo sin combatir a los invasores. Rumiñahui, el
guerrillero, se indignó con la actitud de su hermano y decidió pelear. Antes
dijo: "Los extraños que han llegado no son ningunos Viracochas, son simples
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mortales y ladrones. Nos vienen a ofender. Se viene la sombra de la
esclavitud. Si no luchamos hemos de hundirnos en el duelo y la miseria". Pero
su insistencia de combatir a los extranjeros en Cajamarca fue en vano,
entonces decidió marcharse hacia Quito donde se nombró Scyri y organizó la
lucha. Hace dos años cuando el aventurero Pedro de Alvarado, conquistador
de Guatemala, quiso llegar a Quito, tuvo que soportar las guerrillas de los
rebeldes. Atraído por las riquezas del Cuzco, llegó Alvarado a la costa de
Manabí con siete embarcaciones, muchos caballos, soldados, cientos de
indígenas guatemaltecos sometidos y algunos esclavos negros.
La marcha desde los pantanos tropicales hacia las nevadas montañas, fue
una derrota. En el camino se perdieron, abandonados por los guías; los
indígenas de Guatemala y los esclavos negros -desconocidos del frío-,
murieron congelados; y al fin, Rumiñahui los echó a correr. Y caminó una voz
por los caminos: "nadie vence al señor de Quito". Benalcázar que había
fundado Guayaquil fue el encargado de marchar con su ejército en busca del
líder indígena. Antes envía un mensajero con una cruz y la oferta de amistad.
Los rebeldes devolverán su cadáver. En Cajamarca habían visto un símbolo
de madera igual, en las manos de un tenebroso fraile que secundaba a
Pizarro. Después Rumiñahui se prepara para recibir a Benalcázar. Reúne a su
gente y le dice: "Es preferible morir que aceptar la esclavitud de estos hombres
que robarán tesoros, mujeres y tierras". Al hablar, un volcán parece salirle
desde adentro, arde su voz, sonríe su corazón y vibran sus guerreros.
Benalcázar consigue una alianza con los cañaris para combatir a los
rebeldes... el jefe indígena se adelanta y le sale al encuentro en las llanuras de
Tiocajas. El lugar, favorable para el andar de los caballos españoles, no
impide que los rebeldes anulen el poder del enemigo. Cada vez que matan un
caballo le cortan la cabeza para mostrar que no son inmortales. La batalla va
desde el mediodía hasta que la noche oscura obliga a suspenderla... y
continúa al día siguiente con la salida del sol. Las llanuras de Tiocajas estaban
llenas de trampas para que los europeos y sus potros quedaran ensartados...
un traidor avisó Benalcázar el lugar y mostró un camino seguro para retirarse a
Riobamba. Rumiñahui no desanimó y decidió atacar la ciudad... En la hora del
ataque el volcán Tungurahua entró en erupción. Muchos indígenas, aterrados,
creyendo que se trataba de un mal augurio, huyeron bajo la lluvia ardiente. Los
españoles no se cansaron de matar gente que corría indefensa. Rumiñahui se
retiró con sus soldados más fieles hacia Ambato. Luego se fue a Quito, envió
a lugar seguro a los más débiles y escondió los tesoros de Atahualpa... Al
acercarse los invasores obstruyó los canales que abastecían de agua la
ciudad y les prendió fuego antes de retirarse... La cordillera fue su último
refugio. Hasta allí marchó Benalcázar a buscarlo. Tras la resistencia logró
prenderlo. Y vino la tortura... "¿Dónde están los tesoros de Atahualpa?",
preguntan los invasores. "En un rincón de la montaña", responde el jefe
indígena y los envía a un lugar donde nada hay... Así será durante algunos
días... Las pistas falsas sirven para reposar un poco, antes del nuevo
tormento... Los españoles se cansan de la burla. Al ver que no obtienen la
palabra su ira se desenfrena y Benalcázar determina la justicia: muerte en la
hoguera... Pero el fuego no muere la memoria... la aviva, la hace caminar por
el viento de los años... la renace en las rebeliones que vendrán.
TISQUESUZA
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1536. El reino de los chibchas está ubicado en las mesetas orientales, junto al
río Magdalena. Es gobernado por dos señores: el zaque de Tunja,
Quimunchatecha y el zipa de Bogotá, Tisquesuza. Cuando llegan los
españoles dirigidos por Jiménez de Quesada, el zipa ordena vigilar sus
movimientos por el día y por la noche, para saber qué hacen en estas tierras...
Y así dice a su gente: "Vos que tomás y traés las aves que por el aire van
volando. Y los venados, que en la tierra por su mucha ligereza no hay animal
que se le compare. Y además tomás en las manos otros muchos animales de
ferocidad sin igual... Vos no sos tan poderoso ahora, para terminar con ese
pequeño número de extraña gente que por mi tierra tan atrevidamente se
meten?. Sujétalos presos hasta aquí".
Tisquesuza no imaginaba las armas que traían consigo las "extrañas gentes".
Vestido con su manto rojo bordado de esmeraldas se pone al frente de sus
guerreros en la lucha contra el ejército español. Perdida la batalla, unos se
retiran con su jefe hacia Cajicá, otros se mantienen atrincherados en las casas
de Bogotá, donde son cercados. Un guerrero sale y desafía a los españoles a
luchar de a uno para terminar la guerra creyendo que lo válido en pelea con
otras tribus, también serviría con los europeos... Un soldado a caballo,
arremetió hacia el iluso indígena levantándolo por los pelos y llevándolo
colgado hasta donde estaban los otros.
Este hecho enmiedó a los guerreros, que por la noche decidieron abandonar
en silencio el cerco extranjero. Tisquesuza retirado hacia la sierra inquietará a
los españoles durante largo tiempo. Cierto día llega la noticia a los europeos
de que vive en una casa de oro... deciden ir a buscarlo enceguecidos por la
codicia. Un traidor informa que el cacique se encuentra en un bosque cercano
a Facatativá. En la noche Quesada y sus hombres caen sobre ellos como
cazador en busca de su presa. Primero los cerca de trampas, luego los ataca.
Tras algunos minutos de contienda caen varios indios muertos... entre ellos
está el zipa... Sin embargo esto no amedrentó a los guerreros que siguieron
resistiendo... los españoles tuvieron que retirarse sin conocer la muerte del
zipa, ni el paradero de sus tesoros. Los indígenas entierran a Tisquesuza con
todos los honores de señor, sin que los europeos lo sepan. Nunca conocerán
su tumba o las riquezas...
El sobrino del cacique apresado con otros señores promete llenar una casa de
oro, para salvar su pellejo... no resiste la prisión y muere antes de que se
cumpla su decir... El tiempo traerá nuevas batallas y habrá un Calarca
saltando la montaña... para abrir paso a otros, peleando por la selva, luchando
por su gente, el árbol y las fieras...
ARACARE
1542. Alvar Núñez Cabeza de Vaca había llegado a Asunción en busca de la
"Sierra de la plata", un espejismo inexistente, que no encuentra... pero decide
ir más allá... quiere subir el río Paraguay hacia los territorios carios. Aracaré
cacique de valor, respetado por su gente se finge sometido y se ofrece para
acompañarlo. Se embarcan rumbo a un nombrado Puerto Piedras.
Ochocientos indígenas a pie van junto a los invasores. Aracaré se mueve entre
las sombras para que los europeos no se den cuenta de su conspiración...
Con extremado sigilo dice a sus fieles que incendien los campos por donde
pasan... así los habitantes saben que están llegando los invasores. "Debemos
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luchar contra estos hombres que con solo llegar ya se creen amos", comenta
el cacique a la gente que lo sigue. Los indígenas que van con la expedición
desaparecen como imágenes en el monte... y no enseñan el camino. Los
españoles se pierden entre los árboles iguales... Ya no hay indios que los
guíen, el viento parece habérselos llevado. Aracaré aprovecha el momento y
los ataca rápidamente, luego desaparece entre la vegetación... Los españoles
se desesperan y deciden regresar. Tiempo después realizan una nueva
expedición, esta vez son guiados por otros indios que también están en
combinación con el cacique. Sin saberlo los conquistadores van hacia las
tierras gobernadas por Aracaré... allí son atacados y deben esconderse. Los
guías fingen estar junto a ellos y les muestran un camino para escapar. Llevan
a los soldados por
lugares despoblados donde pasarán hambre y sed durante treinta días.
Algunos indígenas morirán y otros se marcharán... A los europeos los tocará el
delirio, al quedarse solos en la extraña tierra. Como una sombra, Aracaré los
atacará nuevamente, de a ratos para producirles pequeños estragos y
ponerlos más nerviosos... Finalmente algunos lograrán regresar. Para los
españoles era una traición, ver los nativos defender su tierra... Cabeza de
Vaca, quien se decía cumplidor de las leyes, se reúne con los oficiales de sus
tropas y los sacerdotes que lo acompañan... Entre cuatro paredes se inventa
la justicia: "los daños notorios que el tal Aracaré viene causando a la corona lo
transforman en enemigo capital de la cristiandad". El jefe no se quedó
esperando, antes de que salieran a buscarlo los atacó nuevamente... varios
serán los combates... Cuando lo llevan preso dicen a los indios de la zona que
su prisión es justa por la rebeldía del cacique... Intentan explicar que la
condena: "pena de muerte corporal en la horca" se apoya en la ley... Al
parecer los nativos no creyeron las palabras de los conquistadores porque al
morir el líder vino una gran sublevación, comandada por su hermano Taberé.
Para reprimirla, Alvar Núñez juntó a cuatrocientos soldados y dos mil indios
sometidos. "Expulsará‚á a Taberé y sus amigos y terminará‚á con todos los
indios fieles", dijo el jefe español a su ejército antes de marchar. Taberé los
esperó en una ciudad defendida por grandes muros de madera y rodeada de
fosos-trampas cubiertos de ramas. Tres días estuvieron intentando entrar al
poblado... tres días fueron repelidos por los indígenas... Al cuarto, cuando
llegaba la tarde, lograron entrar. Mataron a todos los que se cruzaron por el
camino y apresaron muchas mujeres. "El todo poderoso nos dio su gracia de
que fuéramos vencedores de nuestros enemigos y ocupáramos el pueblo, y
matáramos mucha gente", señala el cronista español relatando la masacre.
Como los carios los indígenas de las tierras paraguayas no aceptarán las
imposiciones europeas... caminarán la vida peleando su dignidad, cultivando
comunidad en las Misiones... sembrando su libertad... Y vendrán otros que no
aceptarán invasores, y habrá un Solano López peleando a la traición inglesa y
sus súbditos de la triple alianza... y caminará el tiempo, y siempre habrá
alguna esperanza...
SEBASTIAN LEMBA
1550. El maniel es la casa, la escuela, la comunidad del cimarrón. Después
del sufrir como esclavo en los ingenios de caña de azúcar de Santo Domingo,
la vida allí se pinta de música y colores. Enseñanza de vida y combate, oficio
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de libertad. El maniel es una fortaleza negra, rodeado de trampas. Los bohíos
se levantan a poca altura para que la vegetación los oculte. Entre uno y otro
hay cierta distancia.
En esos terrenos se cultiva maíz, frijol, malanga, yuca y tabaco... a veces
también se siembran otras cosas. Lo que se produce se reparte entre todos...
se autoabastece... Para obtener carne, pólvora, sal y fusiles intercambian su
producción con piratas. Dedican gente especial para el trato, manteniendo
siempre prudente distancia. Al maniel llegan los negros alzados que no
aceptan la esclavitud y algunos indios taínos que luchan por su libertad.
Don Tomás, veterano de mil peleas, es el encargado de explicar a los jóvenes
el porqué de la lucha. Y les cuenta de la necesidad de proteger la naturaleza...
les habla de cómo sus abuelos aprendieron a amar la montaña, el monte, la
noche y la lluvia libre... les habla de los dioses africanos que los protegen y les
comenta de los grandes capitanes negros...
Cuando habla de Lemba sus ojos se humedecen. Hace dos años el gran jefe
de los sublevados partió bendecido por Xangó hacia el infinito de la memoria.
Hacia la otra vida... "Cierto día -cuenta Tomás-, Sebastián Lemba reunió a la
gente y le dijo: 'No se trata solo de escapar de los blancos. No podemos
quedar conformes por llegar aquí y estarnos tranquilos. Tenemos que combatir
al español allá, en sus ingenios... abajo, atacando sus intereses'. Así hablaba
el capitán del Bahoruco Viejo, jefe del maniel Enriquillo". Lemba pensaba que
con quedarse en la montaña se le hacía poco daño a los invasores, mientras
los negros venidos de África y los indios taínos seguían como esclavos. Y para
poner en práctica su pensar prepara el primer ataque a un ingenio de San
Juan. Al frente va un grupo comandado por el propio Sebastián, en la
retaguardia los hombres preparados para resistir la pelea en caso de que los
sorprendan. Ya cerca del ingenio se allega uno que comenta: "comandante el
ingenio está vigilado por altas torres donde hay guardias mirando. Los otros
parecen estar dormidos". Lemba agradece la información y le comenta: "muy
buen dato, pero sigamos hacia el objetivo".
Prefiere no opinar sobre el tipo de ataque que harán... por seguridad y porque
es mejor conocer la realidad del lugar donde pelear. Ya casi dentro del ingenio
interrumpe la caminata.
- Compañeros, es muy fácil. Ya sé lo que debemos hacer para que los
guardias no nos descubran.
- Si capitán, ¿qué hay que hacer?, preguntan intrigados los guerreros.
- Para que no nos descubran, solo tenemos que no dejarnos ver.
Tras despertar la risa de su gente, mandó a un grupo por la puerta lateral de la
hacienda. Otro irá por el frente y algunos rebeldes se encargarán directamente
de los guardias.
Cuando ya estaban todos ubicados en sus puestos vino la señal de ataque...
Uno de los vigilantes intenta dar la voz de alarma pero muere en el instante,
atravesado por una daga. Los demás guardias son sometidos fácilmente. En
pocos minutos la hacienda está ocupada... Bajo luz de velas, Lemba toma la
palabra: "Muy bien señores, digan a sus amos que por aquí pasó Sebastián
Lemba y sus combatientes, y que se anuncia para ellos la llegada de
momentos muy difíciles. El cimarrón, como dicen ustedes, ha de luchar hasta
que el español desaparezca del mapa". Los guardias sudan y tiemblan del
temor a las
represalias rebeldes, pero el jefe mantiene su hablar...
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- Compañeros, recojan toda la comida y el azúcar que puedan, y que todos los
hermanos mantenidos como esclavos si quieren venir con nosotros que se
vengan. Traigan también los caballos.
- ¿Y qué hacemos con los españoles?, pregunta uno. - Los dejaremos vivos, si
es que pueden vivir después de haber botado tanta agua del cuerpo. Vamos al
maniel y que la libertad de nuestra gente, más que sueño sea una realidad.
Así, Sebastián Lemba se convierte en el hombre más buscado por los
españoles, y también más respetado y temido. Las lomas de San Juan y el
Bahoruco Viejo son los lugares de su resistencia. El ataque a los ingenios se
multiplica, las quemas a la caña sembrada también. Los europeos ven su
economía amenazada... las expediciones contra el capitán fallan, una vez tras
otra. En septiembre de hace dos años, en un combate de la Loma de la
Paciencia, cerca del río San Juan es la hora... luego de mucho pelear, una
bala atraviesa el corazón de Lemba. Así cae el jefe cimarrón ante el casi
asombro de sus compañeros. Los españoles le cortan la cabeza después de
muerto, la llevan a Santo Domingo y la cuelgan de un gancho, en la plaza
central. "Así temerán lanzar nuevas rebeliones", afirma un español, creyendo
haber terminado la resistencia cimarrona...
El viejo Tomás habla a los jóvenes de la necesidad de seguir peleando y así
conquistar la libertad "para mantener viva la llama y poder vivir libres: como el
viento, el agua y el sol, sin trabajos forzados, ni latigazos...".
La semilla que sembrara Sebastián Lemba germinará por los rincones de la
República Dominicana. Las rebeliones y los rebeldes seguirán
reproduciéndose por los caminos... 238 años después el capitán José
Eleocadio vivirá la lucha con igual fervor, atando viento y fuego a su pensar...
LAUTARO
1558. La tierra de Chile parece hundirse ante la furia de los araucanos
guerreando a los conquistadores. A su frente, un cacique de sangre ardiente
que vuela como pájaro cuando cabalga: le llaman Caupolicán. Algunos
cuentan que la luna deja de caminar para verlo pelear... y cuando la batalla
termina sigue su marcha, dando paso a los recuerdos.
Cuando Caupolicán fue elegido Gran Toqui, por todas las tribus de Arauco,
venció a diecinueve postulados. Realizó todas las pruebas encomendadas,
hasta terminar cargando el tronco de un árbol sobre sus hombros durante tres
días y tres noches. Al cuarto día lo dejó caer y casi inmediatamente organizó el
ataque contra los españoles.
Ahora mira los campos y acompasa el pensar de la luna: "El año que pasó,
cuando caminábamos venciendo al español, mi hermano Lautaro fue muerto
por la traición...".
Lo había conocido enemigo: 1553, los llanos de Tucapel y una de las tantas
batallas que tuvo el pueblo araucano...
Valdivia, jefe del ejército español, viendo la victoria esquiva, decidió formar tres
batallones: uno fue al enfrentamiento directo, otro atacó por los flancos y el
tercero integrado por indígenas a la orden de los europeos, esperó en una
loma para asomarse en el momento que fuera necesario. Lo comandaba
Lautaro, un joven de 17 años que observaba mansamente la pelea. Pero de
repente el fuego brotó de su alma y la rabia ardió en su sangre; sopló el
cuerno de guerra y al grito de "cobardía" se lanzó con su batallón, como
águila, contra los españoles. Su huaiqui se encargó de Valdivia... Luego, en la
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noche, los mapuches vistieron las ropas de los vencidos, abrieron la boca del
jefe enemigo y le hicieron comer tierra mientras le repetían: "Quieres oro,
hártate de oro".
Después Lautaro fue nombrado Vice Toqui. Fueron años de mucha pelea
hasta caminar venciendo. El ejército araucano se hizo dos: uno, al mando de
Caupolicán, puso sitio al poblado La Imperial; el otro, dirigido por Lautaro,
venció al capitán español Francisco Villagrán y se apoderó de la Ciudad de la
Concepción. Pero surgió un traidor para matar la vida... por las rucas de
Arauco caminó la lágrima, el licor de murtilla intentó calmar la tristeza de los
guerreros y la luna escondió parte de su cara, ocultando la luz nocturna. Ni el
águila ni el pinguén volaron su volar más alto... Lautaro, tendido sobre el yuyal,
entregaba así su pillán al Neulén... Muchas argucias había enseñado a los
araucanos: dominar los caballos, cubrirse de arbustos para avanzar hacia el
enemigo, colocar trampas, utilizar lazos para voltear a los jinetes. Mucho había
dejado... ahora Caupolicán recuerda.
Horas antes de que el sol se oculte, horas antes de que las flechas de otros
traidores penetren en su cuerpo, horas antes de que sus hermanos comiencen
a decir "el fantasma sigue cabalgando como tigre en el viento".
Los araucanos no se rinden. Decenas de levantamientos se sucederán. Los
españoles se verán jaqueados durante años por Yanequeo, una bella mujer
que dirige a los puelches en ataques sorpresa contra los poblados y después
se oculta en el monte.
Los indígenas dirán que "las almas de Lautaro y Caupolicán siguen caminando
por el cielo, la luna les da protección y se incorporan en los que pelean...". Tal
vez en 1815, algún guenupillán, tocó al guerrillero Manuel Rodríguez en su
lucha contra la Corona Española. Tal vez vivan... Hoy los mapuches sufren el
lloro de la realidad, pero –como antes- no lo aceptan... siguen peleando su
autonomía...
GUAICAIPURO
1560. En la región de Caracas habitan los teques y los caracas, dos tribus
indígenas que se han unificado y eligen su cacique supremo por voto popular.
Seis meses hace ya que Guaicaipuro fue elegido, y tres días que empezaron a
llegarle malos augurios... Por las costas aparecieron gentes extrañas: "Llevan
en la cara la color de las nubes ligeras de la mañana y toda manchada de
cabellos espesos... están cubiertos sus cuerpos por una piel tejida tan sólida
que no le penetran los más duros y agudos dardos", así el mensaje corre y
llega al jefe.
Después de arrasar con lo que encontraron a su paso, los hombres pálidos
construyeron casas rodeadas de trincheras y profundos pozos, para resistir
posibles ataques de los que aquí viven. El cacique no espera que lleguen a
sus dominios, no espera que la mañana tome el color de las nubes ligeras, no
quiere que la noche pierda su luna... Levanta su pueblo en armas... Desde
muchos rincones llegan los guerreros para concentrarse en el valle de los
caracas... varias tribus de la zona se pliegan a la lucha.
El valle es un arco iris de penachos de plumas brillando al sol. Enseguida
atacarán el poblado construido por los recién llegados. Asaltarán con arrojo las
trincheras, pelearán cuerpo a cuerpo sin temor a las armas de fuego, querrán
tomar la ciudad... pero el poderío europeo es mayor. No basta la fuerza, ni las
flechas, ni los dardos, ni el valor: el enemigo vence.
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Guaicaipuro siente la derrota como una deshonra personal y piensa en el
suicidio. Un viejo sacerdote de los teques interviene: "Lo que ocurrió es una
prueba caprichosa de la loca fortuna. Hay que seguir peleando, debemos
acosar, herir y asaltar a los extranjeros para que dejen estas tierras"... Las
palabras reaniman al cacique y la guerra de guerrillas se desata. Cuando sale
el sol o se oculta, bajo el relámpago o la lluvia silenciosa, con el viento o el
silencio de la quietud, en cualquier momento los guerreros atacan a los
españoles...
Surgen desde las sombras y por las sombras se van... Durante siete años
escapan al enfrentamiento directo porque saben sus limitaciones. En
Antímano no pueden evitarlo. Los cañones destrozan batallones indígenas uno
tras otro. Los nativos siguen guerreando. Luego de tres horas, ya cansados
algunos desertan. Guaicaipuro no tiene otra opción que refugiarse en la
montaña.
Los españoles fundan Santiago de León de Caracas y el cacique se
transforma en su pesadilla. Varios ejércitos llegan desde España para
defenderla del puñado de rebeldes... Un capitán al frente de ciento ochenta
soldados es el encargado de ir a buscarlo, si vence tendrá de recompensa una
alcaldía. El cacique junto a veintitrés hombres se parapeta en uno de sus
refugios de la montaña: una casa de madera, que resiste el embate durante
varias horas. Ni los indígenas pueden poner en fuga a los soldados, ni estos
derrotar a los guerreros...
Recurren al fuego, que avivado por el viento arde la cabaña y obliga a los
rebeldes a abandonarla. Al salir, el jefe indio grita a sus enemigos: "Español
cobarde, le falta el valor para rendirme y se vale del fuego para vencerme. Soy
Guaicaipuro, a quien tanto buscas y quien nunca tuvo miedo a su nación
soberbia. Aquí me tienes, muéreme para que con mi muerte se
libre del temor que siempre le causó‚á". Y así, lanzando una flecha tras otra,
corrió contra ellos. Varios soldados murieron, pero él fue atravesado por una
bala. Luego lo remataron. Su rebeldía se mantiene hasta que deja de ver el
cielo y la floresta. Ya agonizante habla a los conquistadores: "Ven extranjero,
ven a ver como muere el último hombre libre de estos montes", luego deja de
respirar. Su cabeza fue colocada en un lugar muy frecuentado, para que todos
la observaran. La luna se nubló; el Orinoco, el Apure y el Arauca
ensombrecieron su cauce; el viento se aquietó como triste con la vida; no hubo
ruidos, hasta los pájaros decidieron callar, todo el paisaje se silenció y las
lágrimas caminaron por el valle con su pesar... aletargando las miradas. Pero
la alegría siempre vuelve a nacer y la sonrisa revive... Yaracuy caminará el
mismo paso guerreando al invasor... y habrá un Bolívar peleando la
independencia...
YARACUY
1569. Tranquilos con su universo, en paz con la naturaleza y alegres con su
destino, así viven los yaracuyes. Habitan la costa norte del Golfo de Paria,
unos quinientos kilómetros al oeste de la ciudad de Caracas. Mansos viven
hasta que llega el europeo y se instala como en terreno propio...
Si bien hace años que invadieron la región, todavía no habían incursionado
por la zona de los yaracuyes. Indignado ya con la presencia tan cercana de los
extranjeros en su territorio y con voluntad de pelea, el gran cacique Yaracuy
envía un mensaje a Mencio Vargas, jefe de las tropas españolas, y le dice:
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"Les pido con mi pueblo que dejen estas tierras, que no les pertenecen y se
marchen hacia otros rumbos". La respuesta del europeo fue contundente "Id a
decirle al cacique que venga él a echarnos". Y así fue. El cacique fue a
echarlos...
Primero ataca con sus guerreros un destacamento de indígenas al servicio de
los invasores, luego el campamento del Tocuyo, donde está el jefe de los
conquistadores con sus soldados...
En la batalla de Cuycutóa los yaracuyes logran la victoria. Los vencedores
saquean el campamento español y los poblados cercanos, luego persiguen a
los colaboradores indígenas. El jefe Yaracuy se molesta con esta acción y los
reprende: "Ese proceder es tan feo como cobarde, no somos saqueadores".
Cañones, arcabuces y otras armas son capturadas por los rebeldes pero no
pueden utilizarlas porque desconocen su manejo. Los yaracuyes confían que
su victoria ya es definitiva y se dispersan. Los conquistadores aprovechan el
tiempo reconstruyendo sus filas: setecientos hombres de todas las armas
llegan desde Europa, quedan bajo el mando del conquistador Diego de Losada
y parten en busca de los sublevados. En Uricagua, que así llamó ese paraje el
jefe español, fue el enfrentamiento final. Los indígenas luchan con valor pero
igual les llega la derrota. Yaracuy es preso y atado a un árbol. Luego, cuando
ya la batalla había terminado, un capitán español manda que lo desaten. El
agua del sudor le moja los cabellos, las gotas corren por su rostro y se
deslizan por el cuerpo desnudo, solo cubierto con algunas plumas y cordajes.
En el túnel de sus ojos negros se observa el dolor y el fuego de la rabia. Los
españoles lo miran asombrados. El capitán dispone a seis soldados y un cabo
para custodiarlo. Le hacen seña que permanezca sentado, hasta que
resuelvan su destino... El no hace caso y permanece de pie, quieto, silencioso,
mirando al suelo rojo de la sangre fresca... Los europeos se distraen un poco
al ver que el cacique no da muestras de resistencia. Pero de repente se lanza
sobre un soldado, quita su arma, atraviesa el pecho del capitán y lastima otros
tres... Los arcabuces se descargan sobre él. Cae en su tierra, se revuelca en
su sangre y se introduce en la leyenda... Los indígenas que logran escapar se
marchan a las montañas con el jefe en sus pensares... Organizarán guerrillas
indígenas para acosar a los españoles durante veinte años... El espíritu
Yaracuy recorrerá el Caribe...
JUMANDI
1578. La selva que durante miles de años protegió a los indios Quijos ha sido
violada por los hombres de la espada y la cruz. Los sagrados árboles del
monte comienzan a caer y los pájaros no cantan su voz alegre... El culto de los
indígenas quiere ser substituido por la religión de un Dios distante y otro
hablar... Pero los Quijos mantienen sus ritos escondidos en la floresta y sus
sacerdotes siguen siendo sabios profetas de lo que vendrá, porque todo los
ven conversando con los Supay.
Jumandi el gran cacique no acepta someterse a los conquistadores que
quieren usurpar su mundo. Solo piensa en destruirlos... Antes consulta a los
supremos sacerdotes Guami y Beto. Ellos hablan con los dioses y el gran
volcán Sumaco es testigo del hablar. Días después todos los caciques se
reúnen para escucharlos. Guami dice haber bajado a las entrañas del Sumaco
para ver a Sabela, la diosa del infierno: "cinco días viví con ella y me ordenó
que termináramos con los europeos porque ellos cortaron nuestra libertad".
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Beto asegura haber hablado con el gran Supay selva adentro: "me dijo que el
Dios de los cristianos está con mucha ira de los españoles y quiere que los
ataquemos". Luego de escucharlos, entre dosis de yuco bravo preparan la
conspiración. La furia de los espíritus se contagia y las lanzas guerreras se
levantan. Jumandi secundado por Guami, dirige la arremetida contra la
población española de Avila que cae en pocas horas. Beto comanda el ataque
sobre el poblado de Archidona, que -prevenido- logra resistir por más tiempo,
aunque igualmente es abatido. Tras la victoria Jumandi es nombrado por el
pueblo Quijo como Jatum Apu, encargado de conducirlo hacia la libertad. Las
próximas ciudades a ser atacadas son Baeza primero y Quito después.
Jumandi habla antes con su gente: "La expulsión del invasor debe ser total.
Nuestro sufrimiento es el mismo que el de nuestros hermanos de las
montañas. La libertad de los Quijos comienza en la libertad de todos. Y que los
Supay nos guíen". Los chasquis llevan el mensaje a los indígenas de las
tierras altas para que se sumen al levantamiento... Eso no ocurre, y una gran
expedición militar sale de Quito para defender Baeza del ataque de los
Quijos... Al frente del ejército español están los traidores Francisco Atahualpa
y Jerónimo Puento junto a cientos de indígenas admiradores de sus dueños...
El ataque a Baeza es sofocado y el alzamiento derrotado. Jumandi, Guami y
Beto son llevados a Quito para recibir la justicia española: primero los pasean
por las calles atados a un carro, los torturan con fierros candentes y finalmente
los ahorcan.
Sus cuerpos descuartizados son exhibidos en la plaza principal y sus cráneos
permanecen allí por muchos años, "para que bien los miren" según dicen...
Pero el último grito del cacique rebelde retumbó iluminando distintos rincones
de la geografía, y nuevas rebeliones surgieron: en 1760 San Miguel de
Molleambro; 1764 Riobamba; 1768 Cualaceo; 1777 Cotacachi; 1778 Guano,
Otavalo y Cayambe; 1781 Alausí... Hoy la Amazonía ecuatoriana está dividida
entre las grandes empresas petroleras, madereras, agrícolas o mineras. Se
han contaminado ríos, exterminado especies animales y vegetales, y varios
grupos indígenas están a punto de extinguirse... Pero son los Huaoranis
quienes corren más riesgo, por eso están en guerra... defendiendo la selva
que hace latir sus corazones... y los hace respirar. En junio de 1990, de la
Amazonía al Cotopaxi, del Cotopaxi al mar, los indígenas del Ecuador
volvieron a sonreír cuando todas las nacionalidades unidas realizaron su
mayor levantamiento en años... Ocuparon carreteras, entraron en latifundios,
detuvieron soldados, no sacaron productos al mercado, tomaron oficinas
públicas, realizaron movilizaciones y concentraciones. El ejército salió a la
calle, hubo algunos enfrentamientos, penetró en las comunidades, golpeó y
baleó defendiendo a "los de mucha tierra". Cuatro indígenas muertos, varios
heridos y decenas de presos... Luego de tres días el gobierno aceptó
dialogar... Y en mayo de 1992 los rebeldes volvieron a caminar desde la
Amazonía... de Pastaza a pie se llegaron a la capital... Tal vez el espíritu de
Jumandi había decidido salir de las entrañas del Sumaco para marchar la vida
junto a sus hijos...
NICAROGUAN
1666. Los caciques Nicaragua y Nicoya obsequian objetos de oro y plata, y
telas hermosas a los extranjeros... Están fascinados con los españoles que
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hace poco llegaron a estas tierras... hacen a su gente trabajar para el
invasor...
Nicaroguán, señor de las montañas del sur observa indignado a sus vecinos y
hace conocer su sorpresa: "No puedo aceptar que quieran al enemigo como
hermano, ni que se acojan a sus feos y horripilantes ritos. Atacará‚á a todos,
invasores y traidores".
El jefe español González D'Avila ordena a los caciques colaboradores que
preparen un ejército poderoso mientras contesta a Nicaroguán. "Mi único
propósito es conocer el país. en estos días partirá‚á, no quiero provocar su
ira". El jefe nicaragüense cree en la palabra y se dirige hacia donde están los
europeos para conversar. Diez días tarda el viaje... Los que esperan se
preparan...
Veinticinco soldados españoles se adelantan al ataque y van contra los
hombres de Nicaroguán. Los indios nicaraguatecas contraatacan. Solo tres
españoles se salvan de las lanzas y las flechas nativas. El cacique ve el
engaño pero no puede retroceder. Pelea heroicamente contra la superioridad
del ejército europeo, reforzado con la gente de Nicoya y Nicaragua. Cuando
interviene la artillería la victoria es de los conquistadores. Nicaroguán, furioso,
se retira a la montaña maldiciendo a los traidores. Días después D'Avila envía
su emisario con una propuesta: "Si se unen en la obra común de la
evangelización, dejaré de lado las armas y os hará‚á muchos regalos". La
respuesta de Nicaroguán al emisario caminó por todo el territorio nicaraguita:
"Decid a esos infames, criminales y traidores que les odio y les exterminaré.
Yo bien podría recurrir a la mentira y la traición, como ellos y sus aliados
Nicoya y Nicaragua. Podría fingirme sometido y sumiso a su poder para
sorprenderlos y diezmarlos. Pero no necesito de bajos modos, me basta el
valor".
Las tropas europeas avanzan hacia los lugares ocupados por el cacique
rebelde. Las hojas de los árboles amarillean la mirada de los pájaros. El sol
despunta en el horizonte pero el viento enfría la montaña. Los pueblos son
abandonados, destruidos los sembrados, quemadas las casas. "No dejaremos
nada al invasor", grita el cacique.
El encuentro de los dos ejércitos es terrible. Nicoya el colaborador, muere
junto a gran parte de su gente. Aunque la derrota no aparece el combate
abate y entristece a Nicaroguán. Se retira llorando... por los guerreros perdidos
y los hermanos indígenas que debió matar.
Pasan los años... Todos piensan que el retiro del cacique a la montaña es
definitivo. Un día vuelve. En la primera acción arrasa con dos encomiendas y
pone en fuga a un grupo de arcabuceros. Nueve años dura el miedo español,
hasta que la corona ordena formar una gran ejército para combatir a los
rebeldes.
Una mañana de 1678, mil doscientos soldados de todas las armas salen de La
Coruña rumbo a Castilla de Oro, que así le decían a las tierras
nicaragüenses... El ejército extranjero ataca al grupo de revolucionarios.
Muchos indígenas caen en la batalla. cuando el jefe se ve rodeado, ya vencido
y a punto de ser preso, da un salto, sube en un caballo y grita: "¡No me
vencieron infames!. No tendrán ni siquiera el cadáver de este guerrero que
mucho los apavoró, a pesar de sus armas"...
Después se arroja al vacío... El espeso bosque lo recibe... Augusto Cesar
Sandino lo recibe... Carlos Fonseca Amador lo recibe... Un cielo rojinegro de
sueños, risas y lloros... con la vida lo reciben...
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ZUMBI
1695. El negro viejo de pelo blanco, fuma su pipa recostado contra una pared
de madera. Fuma y mira los negritos que corren por la plaza ser reprendidos
por sus madres. Fuma y recuerda... "Cien años ya que se fundó Palmares. A
sabiduría do Exu, a força de Ogún y a astucia de Oxosse nos faz viver... Y
nosos irmaos siguen chegando... "Como hace cien años, cincuenta o veinte,
ayer varios negros han llegado a Palmares... Y llegan queriendo ser gente.
"No somos cosas, tenemos nuestra historia" suelen decir. Escapan del
maltrato en los ingenios de caña de azúcar que se extienden por el nordeste
brasileño. Tierra de sol quemante: selva, sertao y sierras. No quieren seguir
dejando el corazón y el alma en los trapiches. Se hacen cimarrones y caminan
a la sierra en busca de la libertad de esta nación negra comunitaria de seis
pueblos: Macacos que es la capital, Subupira, Dambrabanga, Obenga,
Tabocas y Arotirene. Cada uno es dirigido por un jefe y en las plazas las
asambleas populares definen rumbos. Cosechan feijao, maíz, mandioca y
tabaco; crían gallinas y porcos. La palma africana que cubre la sierra les
regala su nobleza: las hojas son techo, pared y cama; las fibras material para
tejer ropas y canastos; la pulpa del fruto alimento y el carozo da el aceite. Son
treintamil libres, dueños de su propio mundo. Trabajan para ellos... y también
descansan porque "o branco nao vem cá, si vem o diabo levará y a garrotazos
sairá". Al son de maracas, tambores y campanillas cantan y bailan; veneran a
sus orixás, defienden con armas las conquistas... y por las noches tocan fogo
nos cañaverales... "Cuando amanece desde a praia, la de longe, se ve a
fumaza", piensa el preto velho, y sonríe con cierta ironía, soltando bocanadas
de humo...
Los portugueses están preocupados: en cien años, más de treinta
expediciones militares intentaron acabar con Palmares... no pudieron. Unas
veces los soldados-cazadores de negros, terminaron enloquecidos, tragados
por la floresta, otras quemaron pueblos vacíos creyendo haber vencido...
Siempre imaginan vencer... tan solo vencen la sombra que aparece y
desaparece. Ni los holandeses que ocuparon Pernambuco durante muchos
años, ni los portugueses, han podido con Palmares... Cuando lograron algún
prisionero: los holandeses lo crucificaron y los portugueses lo mutilaron para
dar temor a los que todavía eran esclavos. "Cuando los holandeses invadieron
-recuerda el viejo-, los portugueses querían darnos la libertad para que
combatiéramos con ellos. Creyeron que aceptaríamos... esa guerra no era
nuestra, cualquiera que triunfara nos seguiría esclavizando".
Algunas de las expediciones contra Palmares estaban comandadas por
negros esclavos a los que se daba la libertad por liquidar a sus hermanos...
Otras cruzadas iban dirigidas por mestizos engreídos como aquel capitán que
en 1677 dijo a sus tropas antes de partir: "La naturaleza hizo a los esclavos
para obedecer y no podrán resistir. Si terminamos con ellos habrá tierras para
plantar caña de azúcar nuestra, negros para el trabajo y honor para todos".
Volvió derrotado... Y como la victoria no llega, los portugueses inician
conversaciones de paz... Al año siguiente en Recife el gobernador de
Pernambuco representa la corona portuguesa, el jefe Ganga Zumba al pueblo
de Palmares, y el obispo hace de intermediario. Hay acuerdo: "Los santuarios
de Palmares serán desalojados. Se declara libres todos los que allí nacieron.
Los que llevan la marca de fuego candente vuelven a ser propiedad privada de
sus amos". De los treinta mil palmarinos solo cinco mil aceptan el trato.
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"Traidor, merecía la muerte, ese grande diabo de Ganga Zumba", piensa el
negro viejo y sus ojos se iluminan. Zumbí, jefe de Macacos y sobrino de
Ganga no acepta lo que cree traición. "No creo en la palabra de mis enemigos,
ni entre ellos mismos se creen", dice al pueblo que se queda... "Han pasado
diecisiete años y la resistencia se mantiene. Zumbí sigue aplicando la justicia
del fuego en los cañaverales", piensa el viejo. Y mientras el recuerda y se
regocija con sus pensares, en Recife se prepara la mayor expedición militar de
que se tenga memoria.
Jorge Domingos, un mestizo que había sido contratado por la corona
portuguesa para exterminar indígenas sublevados en el sertao de Pernambuco
y Río Grande do Norte, cumplidor de su trabajo, fue llamado para destruir
Palmares. Tierras, negros para vender, órdenes religiosas y grados militares,
son los ofrecimientos. Se vacían cárceles y pobres de todos los rincones
vienen a engrosar el ejército más grande que se haya formado en Brasil. Diez
mil hombres: indios, negros y mestizos -los europeos mandan no pelean-,
atraviesan la selva y suben
la sierra donde están las fortificaciones negras. Varios días duran los
cañonazos que logran destruir la triple muralla de madera y piedra. Tras el
combate cuerpo a cuerpo son miles los muertos, otros al intentar huir resbalan
por el despeñadero al vacío; también están los que se arrojan al precipicio
prefiriendo la muerte a la esclavitud; unos pocos logran escapar... El preto
velho cae con lágrimas en los ojos pidiendo a los orixás que protejan a Zumbí
de la saña enemiga... Desde la costa se puede ver el humo que surge de la
sierra mientras las llamas se tragan Palmares. El jefe Zumbí ha logrado
escapar y se interna en la selva reuniendo a sus hermanos. Allí estará tiempo
reconstruyendo los sueños... Entre los esclavos se corre la voz: "A Zumbí la
muerte no lo toca"... Pero un día, cuando el sol está naciendo llega un negro a
la floresta, amigo en Macacos. Zumbí lo abraza, el traidor le hunde su puñal en
la espalda. Los soldados lo degollan y clavan la cabeza en una lanza. La
llevan a Recife para exhibirla en la plaza: "Así aprenderán que Zumbí no es
inmortal", gritan. El viento ya camina rápido por las ruinas de Palmares. El
fuego se ha comido todo... creen los que han vencido que con Zumbí han
muerto la memoria de Palmares... Y como antes, se equivocan. Dicen sus
hermanos que el jefe sigue caminando entre los espíritus y a veces decide
bajar. Mientras un hombre explote a otro, él andará por acá, entre las palmas,
cantando el canto de las araras, danzando el ruido de los tambores, dirigiendo
a su pueblo entre el cielo y la tierra... Los jefes de las rebeliones que vendrán
seguirán llamándose Zumbí...
Hoy cuando mil o dos mil agricultores sin tierra del nordeste ocupan un
latifundio o toman un pueblo saqueando depósitos de alimentos hay quienes
recuerdan a Zumbí. El anda caminando, baja en los templos de candomblé,
sale a la calle y dirige las revueltas fumando seu charuto. Hasta que un
hombre explote a otro, andará revelándose por los tiempos...
SEPE TIARAJU
1756. En la cuchilla de Caimboaté, sur del Brasil, se escucha una voz que
susurra entre triste y agotada: "El mes que pasó mataron al gran capitán Sepé
Tiarajú y a 2.500 de mis hermanos". Es el decir de Miguel Mayra, último
cacique misionero que, casi llorando, entierra una cruz en el suelo. "Señal que
camine los tiempos, marcando la tragedia guaraní", grita. Luego mira hondo al
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horizonte y su mirar recorre los campos, navega los ríos, camina los pueblos y
se pierde en las Misiones... Allí los guaraníes aceptan la evangelización que
proponen los jesuitas, pero ejercen el gobierno. La propiedad se divide en dos:
Tupambae son las tierras colectivas y Amambae las pequeñas parcelas de
cada familia. Las tierras no se heredan, solo se hereda el título de cacique.
Las herramientas de trabajo son de todos y cada pareja tiene su vivienda. Se
trabaja seis horas diarias, cinco días a la semana, y se descansa jueves y
domingos. Los guaraníes viven alegres, la vida sonríe, el mundo no tiene
dueño conocido y la cruz no los maltrata como a hermanos de otras
geografías. Pero los reyes de España y Portugal, que se dicen dueños de
muchas tierras en este gran país, intercambian Colonia del Sacramento por los
territorios misioneros. Ciento cincuenta años de las Misiones. Ciento cincuenta
años de trabajo, sueños, esperanzas y sonrisas... todo abandonado. La
propiedad privada se abre paso y la espada ocupa el lugar de la cruz.
Cuando llegan los demarcadores de límites trayendo regalitos para
conquistarse a los indios y custodia de soldados, Sepé Tiarajú, gran cacique
de los pueblos misioneros, les ordena que se retiren de las tierras guaraníes...
y comienza a preparase para enfrentar los invasores que sabe llegarán...
Algunos jesuitas lo apoyan, la mayoría no. Los que intentan interceder ante el
rey van al destierro. Sepé recorre la campaña unificando a su pueblo para la
resistencia. Los guaraníes caminan tras su jefe y justifican la rebelión en "el
derecho a tierra que otorgó el propio Dios cristiano que veneramos y el
Ñanderú-Guazú que llevamos en nuestros pensares". Sepé envía un chasque
a sus enemigos advirtiéndoles: "Castellanos y portugueses, en los tiempos
pasados mataron a nuestros difuntos abuelos, sin reservar las inocentes
criaturas y se rieron de las santas imágenes de los santos. Hoy veinte pueblos
nos juntamos para salirles al encuentro y con grandísima alegría nos
entregaremos, antes que dar nuestras tierras".
En febrero de 1764 los indígenas atacan el cuartel de Río Pardo sin éxito y el
cacique Tiarajú es preso... pero la noche anterior a su ejecución burla la
guardia y escapa. El ejército hispano-portugués va ganado posiciones. Sepé
sabe que no lo podrá derrotar en campo abierto y aplica tácticas guerrilleras:
realiza emboscadas, ataques sorpresa, aparece y desaparece. Los guaraníes
se esconden en montes y cuchillas, están en todas partes. Buscan así diezmar
al enemigo antes del inevitable enfrentamiento directo.
El 7 de enero de 1756 esta nublado, el sol se oculta pero el calor queda...
Ataque sorpresa en San Gabriel, algo sale mal y el ejército se lanza a la caza
del puñado de indígenas. La huida no es fácil. El caballo de Sepé tropieza en
un pozo y el cacique cae. Cuando intenta levantarse, una lanza le atraviesa
la espalda... luego el jefe de las tropas españolas lo remata de un tiro. Sin
embargo Sepé sigue respirando... Sus compañeros intentan socorrerlo y la
descarga de artillería cae sobre ellos. Muy pocos logran escapar monte
adentro. Los invasores queman con pólvora al cacique y luego le separan la
cabeza del cuerpo... En la noche los indígenas regresan sigilosamente, juntan
las partes, se las llevan y las entierran al pie de un árbol, al son de flautas y
cantares. Tres días después 2.500 guaraníes van a la muerte y 153 son
apresados en el campo abierto de Caimboaté. Solo dos horas dura la
resistencia al fuego de los cañones y el embate de miles de soldados. Dos
horas para que la palabra de los reyes
se cumpla, y la vida comunitaria sea destruida. Las tierras donde cayeron
Sepé y sus hermanos serán tierras de pocos dueños y gauchos pobres. La
mala hora durará muchos años, pero la furia del gran cacique queda guardada
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en las memorias que caminan los tiempos. Y así vive... Dos siglos después,
1978, los campesinos de los pueblos misioneros se cansan de almorzar
sosiego y apoyados por otros curas, deciden salir a pelear "un pedazo de tierra
para plantar"... Setecientas familias acampan Encrucilhada Natalino y renacen
la vida. La esperanza busca la realidad carpariendo Río Grande. El día
amanece de hazadas buscatierra sepetiarajuando primaveras, como
herederas en los caminos de la ira. Surgen los Sin Tierra. La vida comunitaria
vuelve...
JACINTO CANEK
1761. Tirado en un rincón de la cárcel Juan Al Akun recuerda su hetzmek.
Recuerda su padrino que le hizo conocer las letras del Chilam-Balam.
Recuerda su compañera que prefirió morir antes que ser tocada por el capataz
de la hacienda. Recuerda su vida de peón... Afuera los europeos preparan la
condena del puñado de rebeldes detenidos. En pocos días la muerte se hará
presente. Juan mira al jefe y sigue recordando...
Los mayas, despojados de sus tierras, vivían la profunda indignación de ser
esclavos. Jacinto Canek, indígena educado en colegio franciscano, conversa
con los sirvientes del monasterio contando las leyendas mayas para que se
identifiquen con su mundo... De a poco el sol va creciendo en su pensar y late
en su corazón la necesidad de ayudar a su pueblo. Imagina que siendo cura
podrá cumplir sus soñares... pide ser ordenado. Los franciscanos no aceptan
la petición. "Los indios no pueden ser sacerdotes", le dicen antes de expulsarlo
del colegio por "el atrevimiento". Esa actitud deja un sabor amargo y el
corazón triste. "Los europeos no saben nada de la tierra, ni del mar, ni del
viento de estos lugares. ¿Qué saben ellos si noviembre es bueno para quebrar
los maizales?", pensó Jacinto antes de comenzar su peregrinación por los
pueblos de Yucatán.
En distintos rincones sus palabras consiguen la admiración: "Observen, el
europeo parece que marcha, el indio parece que duerme. El europeo husmea,
el indio respira. El europeo quiere poder, el indio descanso". Poco a poco se
inicia la conspiración... Cierto día, reunidos en pueblo Cisteil, su decir levanta a
la gente, que vibra identificada con él: "Cuando un indio muere peleando solo
deja de caminar en la tierra, su espíritu crece y ronda por los lugares cubiertos
de fuego. Dentro de cada uno de nosotros habita el espíritu de nuestros
antepasados. Si nuestros abuelos vivieran, lucharían contra estos hombres
que nos oprimen. Derrotarían a los dzules, duros de entraña y sordos de
espíritu".
A mediados de octubre la rebelión ya está madura. Los caciques de la zona se
suman. El levantamiento hace correr a los españoles. Casas de autoridades y
conventos son atacados, y finalmente Cisteil es tomado por los rebeldes.
Canek es nombrado rey de los mayas... El fraile Miguel Ruela llega hasta el
pueblo Sotuta para pedir ayuda al capitán Cosyaga. Este tras escucharlo
prepara la expedición a Cisteil. Cuando llega al pueblo, está desierto... Pero de
repente, incontables indígenas caen sobre ellos, como salidos de cielo y tierra.
Solo un soldado logra sobrevivir... En pocos días tropas de todas la provincia
marchan sobre Cisteil. El 26 de noviembre llegan a la entrada del pueblo. A su
mando está Cristóbal Calderón. La pelea dura dos horas. Seiscientos
indígenas y cuarenta soldados mueren guerreando. Jacinto Canek junto a
trescientos hombres, logra escapar.
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Toman una hacienda y allí resisten. Al atardecer del día siguiente las fuerzas
ya son pocas... y son desalojados por el ejército europeo. Después de la
derrota el cacique y un puñado de seguidores se mantienen en el monte.
Antes de ser apresados, el jefe indígena comenta a su gente: "Ahora
existimos. Con esta lucha y en este dolor hemos dado vida al espíritu de
nuestro pueblo". Ahora Juan Al Akun vuelve con su pensar a la celda. Junto a
Canek y otros hermanos espera el dictamen de la justicia extranjera... Primero
será la tortura a todos. Juan y otros siete serán ahorcados. Algunos acabarán
su vida en las mazmorras carcelarias. A otros les cortarán los brazos... Jacinto
Canek será "roto, atenaceado, quemado su cuerpo y esparcidas sus cenizas
por el aire"... Yucatán seguirá indómito durante siglos. La rebelión de Canek
caminará cuerpo de la dignidad y la esperanza... espíritu contra la injusticia de
los años que vendrán. Las palabras del rey maya quedarán en la tradición oral
como perlas nacidas del sol...
MAKANDAL
1779. El barco negrero atraca en el muelle de Cabo Haitiano, al norte del país.
De los más de doscientos esclavos que salieron de Guinea, en la lejana Africa,
llegan solo cuarenta.
Los otros murieron en la travesía y fueron tirados a los tiburones. En el grupo
que sobrevive está Makandal, un moreno mandinga de cuerpo hecho escultura
y voz grave, al que las cadenas parecen no herir. En la subasta lo compra un
monsieur dueño de plantaciones de caña de azúcar.
Makandal corta la caña como nadie, pero pierde un brazo en el trapiche y va a
cuidar el ganado. Comienza a sentirse inútil. Lo invade la nostalgia de su tierra
y de su gente y la desazón se apodera de su pensamiento. Sin embargo, no
se deja vencer, se encomienda a los dioses negros y encuentra en la
observación de la naturaleza una razón para vivir. Así conoce muchas plantas,
distintas a las de su rincón natal, pero igual de sabias. Plantas raras, a las que
nadie había prestado atención antes. Y descubre un hongo que huele a
enfermedad y muerte... y se lo da a comer al perro de monsieur. Mientras lo
mira despatarrarse contra el suelo, Makandal piensa en el sufrir de su pueblo...
Un día desaparece de la finca: no está en el corral de las vacas, ni en la
cocina, ni en el barracón donde duermen amontonados todos los esclavos. No
anda por ninguna parte. "Makandal es un mandinga, y todo mandinga es
rebelde. Ahora se hizo cimarrón y el que se encuentre con él tiene que
informarme", grita el francés a sus esclavos.
Viene la época del aguacero: ríos y arroyos crecen y se desbordan, pero
Makandal no da señas de vida. Pasa la lluvia y los ríos vuelven a su cauce...
Cierto día el esclavo Tinoel, que ya creía muerto a su amigo, recibe un
mensaje: "Te mando a buscar porque llegó el momento de nosotros, la hora
de los negros. No tenemos armas pero tenemos la sabiduría de Run, el
guerrero, y la inteligencia del gran Oxosse". En pocas semanas el hongo
venenoso invade establos y potreros. Vacas, bueyes, caballos y ovejas caen
por centenares cubriendo la comarca de olor a carroña. Y la peste no tarda en
entrar a la casa del hombre blanco. Makandal proclama la "campaña del
exterminio" para crear "un imperio de negros libres". Soldados y mayorales se
lanzan a cazarlo... revisan cada rincón y no lo encuentran. Pero los ojos de sus
hermanos lo ven por todas partes: "Se viste con el traje de los animales
-dicen-, se adueña del curso de los ríos, habla por boca del viento, conoce
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cada árbol, cada caverna...". Cuatro años duraron sus andares: convertido en
lagarto, cobra, pájaro, mariposa o cualquier otro bicho. Cuatro años saliendo
de sus escondites para asistir a los ritos en los que se veneran los dioses
africanos. Y llega diciembre, días de fiesta negra en Haití. Tras el tambor
madre surge la figura de Makandal. Nadie lo saluda, pero su mirar afectuoso
se encuentra con el de todos y los tazones de agua ardiente corren de mano
en mano hasta la del visitante que tiene sed.
De tanta alegría junta olvidan que los blancos aún existen, y que la traición
siempre es posible... Veinte soldados se lo llevan ante la mirada asombrada
de sus hermanos. El canto triste de los tambores retumba desde el río
Artibonito hasta la isla de la Tortuga. En la plaza mayor, todo está preparado:
autoridades cómodamente ubicadas en la iglesia y esclavos cercanos a la pira,
obligados por sus patrones a ver el "fuego del ejemplo".
Makandal habla con Oxosse y Run: "Grandes dioses de mi pueblo, les pido me
dejen seguir en el reino de este mundo para continuar peleando por mi gente".
Las llamas comienzan a subir por las piernas; Makandal da un grito, las
ataduras vuelan y su cuerpo se estira por el aire, saltando por sobre la multitud
que observa. Luego desaparece. Los sacerdotes negros hacen caminar la voz:
"Makandal se quedó entre nosotros, en el reino de este mundo".
En el se inspiran los independentistas que declaran la "Primera República
Negra del continente" en 1789, y los campesinos guerrilleros que resistirán la
ocupación norteamericana de la isla en 1915. Hoy cuando se da una revuelta
popular, por las chozas y los cafetales se escucha alguna voz que canta: "Ahí
anda el manco, confundido entre su pueblo. Ahí anda el mandinga, que se
quedó en el reino de este mundo. Ahí anda Makandal...".
TUPAC AMARU
1780. Los indígenas de la tierra del sol, del corazón de los Andes, han sido
transformados en esclavos o viven en pequeñas propiedades a las que los
españoles cobran altos impuestos denominados mitas. Otrora dueños de
estas tierras, los indios vagan por la vida de ojos tristes, mirando al suelo,
olvidados "como el escarabajo de los caminos", humillados...
Los corregidores, que así se llaman los gobernadores nombrados por los reyes
de España para estos lados de la América, tienen amplias atribuciones
administrativas y judiciales... y utilizan ese poder para subyugar a indígenas y
criollos. Pero de repente la sangre arde en las venas de José Gabriel
Condorcanqui al ver el tormento de su pueblo.
En homenaje al último rey de los incas, al último inca-rey o Inkarri, joven indio
de 16 años, descuartizado por los conquistadores dos siglos antes, José
Gabriel pasa a llamarse Tupac Amaru. Así nace Tupac Amaru II, y al grito de
rebelión se levanta contra el opresor. Cuatro mil hombres lo siguen y surge la
primera proclama: "Yo, José Gabriel, desde hoy Tupac Amaru, hago saber a
los criollos moradores de picchus y sus inmediaciones que viendo el yugo
fuerte que nos oprime con tanto pecho, y la tiranía de los que corren con este
cargo, sin tener consideración de nuestras desdichas y exasperando de ellas y
de su impiedad, he determinado sacudir el yugo insoportable y contener el mal
gobierno que experimentamos".
El movimiento se expande rápidamente: desde Cuzco a la frontera de
Tucumán, pasando por La Paz, Santa Cruz y Potosí, 24 provincias se
levantan. Desde los trabajadores de las minas a los peones de las haciendas,
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se contagia la esperanza. Indios, criollos y mestizos van tras un mismo futuro,
dentro de esta tierra que ahora sí comienzan a sentir nuevamente de ellos... y
ya son 10.000...
La consigna revolucionaria "Castigar los malos corregidores, abolir las mitas y
liberar al pueblo de la opresión", baja de los Andes al llano y así es ajusticiado
Arriaga, el corregidor más totalitario de todos, cuando el movimiento ya
contaba con 14.000 hombres. Pero los españoles pensaron y pensaron... y
surgió la idea: "Vamos a dialogar y a prometer que daremos tierras".
Cuando los alzados llegan para conversar, el ejército real los rodea y aniquila
la mayor parte de los ya más de 15.000 revolucionarios. Tupac Amaru y su
compañera caen vivos en las manos enemigas. Ella es torturada y luego
muerta. El –boca arriba mirando el infinito- es atado por los cuatro miembros a
cuatro caballos que tiran cada uno para su lado. Sus hijos obligados a
presenciar el macabro rito, miran con ojos de triste mirar... A pesar del largo
tiempo que tironean los potros, no logran matarlo. O los caballos son muy
débiles o el Inca-rey es tan fuerte como su pensar. Entonces lo desatan y lo
matan delante del pueblo, "para que sirva de escarmiento"... pero no lo
mueren. Su cuerpo sube a los Andes para un día regresar, su nombre recorre
América. Un año después en Oruro, indios, criollos y mestizos inician una
nueva sublevación liderada por Tupac Catari, discípulo del Inca-Rey. Tres
décadas más tarde los pueblos de nuestra América comienzan la revolución
independentista siguiendo los pasos del gran Tupac Amaru II. Hoy el pueblo
de los Andes espera un nuevo Pachakutik...
Cuentan los más viejos, los de la piel de muchos años, que cuando el mundo
se de vuelta Tupac Amaru II regresará junto a su antecesor, para andar como
en las épocas antiguas, reconstruyendo el país de todas las sangres,
reviviendo el mundo americano. Al quinto siglo de la conquista, su cuerpo
destrozado y esparcido como el del Inkarri, comenzará a juntarse y conducirá
a la reconstrucción de la libertad y la justicia, ubicando nuevamente en orden
al universo. Tal vez ese día Abya-Yala, la tierra en plena madurez, nuestro
continente, sea transformado por la sabiduría; Amaru, la serpiente sagrada lo
resguarde, y el cóndor proteja a sus pueblos.
TUPAC CATARI
1781. Los precios de la producción minera de Oruro, en Bolivia, bajan
rápidamente. Los mineros, en su mayoría criollos, contraen grandes deudas y
pasan a depender del fisco y los comerciantes... pasan a depender de los
europeos. El resentimiento se siembra y crece como la coca, por todas partes.
Los mineros que antes mandaban en el cabildo y algunas veces hasta
corregidores eran, habían perdido ya toda su influencia en diciembre del año
anterior, poco después de la rebelión tupacamarista, cuando sus puestos de
gobierno fueron ocupados por los españoles. Ahora por primera vez piensan
en aliarse con los indígenas... ahora por primera vez lo concretan. El 15 de
enero se inicia el levantamiento. Las milicias que se habían formado el año
anterior para defender Oruro de la llegada de Tupac Amaru II, están al frente
de la sublevación contra "el mal gobierno de los europeos", atando la vida a su
tierra. La pelea hace fuerte la unión de criollos e indígenas. Los hombres
criollos usan poncho de terciopelo negro como el del Inca-Rey, mujeres y
niños se visten como Aymaras. En marzo estalla otro foco rebelde, esta vez es
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en La Paz y las zonas cercanas. El líder es Tupac-Catari que se hace jefe de
mil lanzas guerreras y se proclama "salvador del pueblo Aymara".
Andrés Tupac Amaru, sobrino del gran Inca llega con su ejército Quichua para
sumarse al levantamiento... Vencen en Sorata, y La Paz queda sitiada. Está a
punto de rendirse, los españoles están sorprendidos y ya no pueden resistir...
Pero surgen problemas entre los rebeldes: Tupac Catari y sus Aymaras no
quieren alianza con los criollos, Andrés y sus Quichuas ven un poco más allá y
como su tío quiere el levantamiento de todo el pobrerío. Evitando la pelea
entre hermanos decide retirarse. Tupac Catari es vivado por su gente y pelea
heroicamente contra el colonizador, pero sus fuerzas no son muchas y termina
derrotado. En Oruro el movimiento se mantiene algunas semanas más, allí la
unidad es más fuerte...
Los españoles supieron sembrar resentimiento entre los de abajo para
disminuir sus fuerzas, pero no mataron el espíritu de los guerreros, que siguió
caminando. En 1809 el mestizo Pedro Domingo Murillo se rebela contra la
corona... 158 años después hubo un Che caminando por La Higuera... Y años
más tarde un tupamaro regó su sangre en Cochabamba... Hoy Quichuas y
Aymaras, mineros y mestizos, viven su tristeza muda. Tal vez cuando se
junten la tristeza grite... y otra historia recomience...
CORDUA
1831. Desde el río de los pájaros pintados hasta el mar ancho como océano,
se escucha el reclamo de los que dinero tienen: "Hay que terminar con la
inestabilidad. Para valorizar la riqueza y resguardar las fortunas
internacionales hay que exterminar a los Charrúas".
Los indígenas desconocen la propiedad privada porque "la tierra es de todos
como el ñandú, el carpincho o la pava de monte; como el dorado del río, la
pitanga y el mburucuyá".
Todo es de la naturaleza, todo es de la comunidad. Ninguno está al servicio de
otro. Los más viejos dicen a los más jóvenes "no hagan agravio, ni mal a
nadie, ni sean holgazanes". No tienen leyes, ni costumbres obligatorias, ni
castigos... Son mansos como la hierba, no llaman de lejos a gritos sino que
apuran el paso y hablan en voz baja.
Ya pasaron trescientos años, desde que -dueños de este rincón de la Américamataron
al conquistador Juan Díaz de Solís, y solo algunas décadas de
aquellas horas en que -parte del ejército libertador- seguían a don José. El
tiempo caminó como liebre en campo abierto, y los Charrúas no aceptan las
nuevas leyes: esas que permiten vender y comprar el trabajo del indio en un
país independiente, esas que autorizan a pocos mucho y el indígena nada...
Los pocos de la mucha tierra -criollos o internacionales- presionan. Don
General Fructuoso Frutos Rivera, héroe de extranjeros y presidente de las
tierras ubicadas al oriente del río Uruguay, se reúne con Bernabé -su
hermano- y con el general Julián Laguna -su amigo. En Durazno planifican la
traición. Hablan con los caciques y los invitan a concurrir con su pueblo a la
zona de Salsipuedes, en el norte cercano a la frontera brasileña. "Allí
recuperaremos tierras usurpadas por el Brasil y ustedes tendrán territorios y
vaquerías", les dicen.
Ante la insistencia de que concurrieran con mujeres y niños los caciques
Polidoro y El Adivino no aceptan la propuesta. Conversan entre ellos y
recuerdan la traición de Frutos a don José, cuando se entregó a los
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portugueses que luego lo nombraron comandante. "Frutos es corazón malo y
traidor", dicen y no van. Otros cinco caciques al mando de quinientos
indígenas, sí van. Son recibidos con asado y caña en abundancia. El ejército
los rodea: los muertos son hombres, mujeres y niños. A pesar de su
inferioridad, los charrúas resisten peleando. Rondeau, un cacique que tomó su
nombre del antiguo sitiador de Montevideo, despacha con su lanza un
enemigo tras otro. Más de quince quedan tendidos a su lado antes de
sembrarse en la tierra, Brown, otro cacique de nombre expropiado, se
mantiene firme tras haber perdido todos sus hombres...
La imagen del espíritu Charrúa se encarna en Cordúa, un jovencito de quince
años que, con sus boleadoras, echa soldados al piso como peras que caen,
hasta que un jinete lo domina. Pero a los pocos pasos de andar prisionero, el
joven da un salto y trepa a las ancas del caballo. Toma un cuchillo del cinto del
soldado y se lo hunde en el pecho. Luego de arrojarlo al suelo, mantiene el
galope, logrando cruzar las líneas enemigas, pero el caballo está cansado y lo
alcanzan.
El muchacho pelea, pero no puede escapar. Después de atormentarlo durante
varios minutos, le perdonan la vida para poder exhibirlo junto a otros
prisioneros en las calles de Montevideo. "Este es uno de los pichones de
salvaje", vociferan. Los campos de Salsipuedes quedan regados de sangre
Charrúa... muy pocos lograron escapar...
De los presos, cuatro -Vaimaca Perú, Cenaqué, Tacuabé y Guyunusa- son
enviados a Francia "para ser estudiados". Todos mueren pronto, tras ser
mostrados por un circo ambulante como raros animales. La piel del guerrero
artiguista Cenaqué es vendida por 18 francos...
Así, don Frutos y sus amigos arrancaron el corazón de la raza Charrúa. Los
valores espirituales no... los valores de la raza madre viven... Cada cierto
tiempo afloran. Algunos cuentan que un 16 de julio de 1950, el Negro jefe y
sus compañeros eran Charrúas en pelea... Otros recuerdan los años 60 y el
peludaje en marchas rumbo al sur... y un Raúl que sigue caminando.
SEMPE
1831. Se había ido el tiempo, se había ido el mundo, se había ido la vida, los
fantasmas... Se habían marchado las estrellas, la luna, el sol, los venados, los
ñanduces, los yacarés... desaparecieron el hornero, el chajá, el picaflor, el,
gorrión del monte. Todo estaba gris, desde la cuchilla Negra al Plata, desde la
laguna Merín al Uruguay... La hora Charrúa era triste como sus miradas,
perdidas en un abismo, escondidas en los campos de la pampa. Solo quedaba
la memoria... la conciencia maltratada por caudillos al servicio de extranjeros...
Solo queda la última pelea, que tal vez no sea la última. Pero hay que darla
aunque se pierda, hay que darla para que otros den nuevas batallas en el
mañana, hay que darla por el corazón de la raza madre, por Don José, por el
agua de los ríos, el color de las flores y el aleteo de los pájaros, hay que darla
porque no se puede seguir escapando...
Meses atrás cuando los cobardes de Frutos Rivera y su hermano Bernabé
emboscaron y mataron mujeres, hombres y niños Charrúas, o los pasearon
amarrados por Montevideo antes de darlos como esclavos, o los enviaron a
Francia para mostrarlos como bichos raros; el cacique Sempé y un puñadito
de rebeldes se escaparon de la humillación. Y anduvieron escapados por los
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campos extranjeros del Uruguay -un país que lo dicen independiente-, robando
vacas para sobrevivir, escondiéndose de Bernabé y su ejército que los
persigue... Pero se terminó el tiempo, y en el norteño potrero del Yacaré, un
rinconcito perdido cercano al río Arapey, fue el encuentro. Los guerreros,
cansados ellos y sus caballos pero viendo que los soldados no son muchos
deciden dejar de escapar, deciden dejar de morir... deciden vivir... y atacan al
grupo del hermano del primer traidor colorado a boleadora limpia. Ahí nomás
Bernabé conoce la muerte junto a dos oficiales y nueve soldados... ahí nomás
besa el piso de la que nunca fue su patria, ahí paga parte de la matanza de
Salsipuedes.
Sempé y sus guerreros caerían después, pero antes se transformaron en
victoria, antes fueron héroes de la última jornada... que no fue la última... La
que reafirmó el espíritu y dio vida a la garra para caminar futuros, la que
despertó los pájaros de su canto triste para sonreír los campos, la que rescató
la sangre... La que iluminó la vida y parió mil sueños para despertar la
estrella...
FERNANDO DAQUILEMA
1872. Se despidió de su mujer con el rostro sereno y la mirada tranquila. Miró
hacia las montañas y luego salió al camino. Es integrante de la familia de los
Shiris Puruhuaes. Hijo de las cimas heladas, amigo del hablar poco,
compañero del silencio de las montañas... Hacia él se había dirigido la gente
de Cacha el 18 de diciembre cuando lo nombró jefe de la sublevación. Aunque
en principio creyó muy prematura esa investidura, su valentía y el mandato de
la comunidad lo llevó a ponerse al frente del pueblo.
Había visto de niño como maltrataban a su padre en la hacienda
Tungurahuilla, donde el dueño daba latigazos a los empleados. Conocía el
sufrimiento de su pueblo: humillado por el diezmo y obligado por el gobierno a
trabajar dos días sin remuneración...
De no cumplir el castigo era la prisión. Aquella tarde cuando llegó el diezmero
lo bajaron de la mula a golpes, lo ataron a un poste y lo atormentaron, luego
fue arrastrado por la mula humedeciendo el suelo con su sangre. Era el odio
de siglos desenfrenado en aquel instante. "Un escarmiento para los blancos",
decían. El por entonces presidente del Ecuador, doctor García Moreno, amigo
del orden y el patíbulo defendió airadamente la represión total. "No vacilaré en
pasar por las armas a los sempiternos enemigos del orden. Mandaré pasar por
las armas a todos los que favorezcan de cualquier modo a los enemigos y los
ejecutaré religiosamente". Así dijo y así fue...
Las bocinas llamaron a los indios de los diversos rincones para que se
sumaran al alzamiento. Las fogatas se multiplicaron para comunicarse con
todos los ayllus del Chimborazo. Por todos los caminos fueron llegando los
indígenas y pronto fueron dos mil. La luna, roja de ponchos, miraba el
acontecer. La brisa caminaba rápida refrescando la montaña. En la plazuela
de la Virgen del Rosario en Cacha, Fernando Daquilema fue proclamado rey.
El pueblo tomó el manto escarlata y la corona de metal amarillo de la imagen
de San José y se la otorgó al nuevo jefe. Uno de los indios, Juan Manzano, se
acercó y entregó un látigo con madera de chonta, donde se advertían los
anillos de Rumiñahui, vara de la justicia. El nuevo rey de Cacha nombró a
José Morocho gran jefe del ejército rebelde y le encargó formar una caballería
de por lo menos 300 nombres, luego envió embajadores a las distintas
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comunidades para comunicar su nominación, exigiendo obediencia y pidiendo
que se sumaran al alzamiento colectivo.
Una choza ubicada en la cima -amoblada con un sillón y una mesa
expropiados de la iglesia-, desde donde se miraban todos los rincones, fue la
casa del gobierno provisorio. La noche fue agitada preparando la lucha. El
martes 19 los rebeldes atacaron la parroquia de Yaruquí, los soldados que
habían llegado desde Riobamba repelieron el ataque. Daquilema mandó la
retirada para reacomodarse y luego volver. Después de la victoria atacaron
Sicalpa, donde el primero en ser atravesado por una lanza fue el jefe del
ejército gubernamental. Sicalpa fue tomada... Después caerá Punín y se
destacará en la lucha la guerrera Manuela León.
De a poco comenzaron a llegar contingentes gubernamentales de Riobamba y
Ambato... Cuando los indios caminaban venciendo vino la superstición y el
miedo. Los blancos, que rogaban insistentemente a los santos, lograrán hacer
creer a los alzados que llegarían escuadrones desde el cielo, comandados por
San Sebastián. Los indios se asustan, muchos guerreros están muriendo y
piensan que ya no vencerán. Hasta el día de la navidad el gobierno de García
Moreno es jaqueado... el 27 los indígenas se rinden.
Después vendrán las condenas. El 8 de enero, ante más de 200 indios,
obligados a mirar la ceremonia preparada, Manuela León y Juan Manzano
serán fusilados. Después, Daquilema camina hacia la prisión de Riobamba,
marcha hacia un juicio espectacular, va hacia la condena de muerte por ser
"principal cabecilla en el motín que tuvo lugar en la parroquia de Yaruquíes...",
y sigue hacia el 8 de abril... hacia un madero donde ser atado para que
truenen los fusiles.
Los ojos de los indios verán nubes oscuras caminar el Chimborazo. Les llorará
el alma de la vida ante la sombra que cae... pero no desanimarán. Desde
aquel caminar de Daquilema hacia el otro mundo, los levantamientos se
repetirán buscando un país plurinacional...
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Kintto Lucas.
Escritor y periodista nacido en Salto (Uruguay). Premio Latinoamericano de
Periodismo José Martí 1990. Pluma de la Dignidad 2004 otorgado por la Unión
Nacional de Periodistas de Ecuador. En Uruguay fue miembro del Consejo
Editorial del Semanario Mate Amargo. Desde 1992 vive en Quito donde ha sido
Editor Cultural y Editorialista del diario Hoy y Editor de la Revista Chasqui,
además de columnista de los diarios El Comercio de Quito y Expreso de
Guayaquil. Actualmente es corresponsal de la Agencia de Noticias Inter Press
Service (IPS) y Director del Quincenario Tintají de Quito. Algunos de sus libros
son: La rebelión de los indios, traducido al inglés con el título We Will Not Dance
on Our Grandparent's Tombs. Indigenous uprisings in Ecuador; Rebeliones
indígenas y negras en América Latina; Mujeres del siglo XX, Apuntes sobre
fútbol, Plan Colombia. La paz armada y El movimiento indígena y las acrobacias
del coronel.
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Qhapaq Ñan, Ruta de Sabiduria... Libro de Javier Lajo (Parte 1/2)